Arte Africano en Medio de un Bosque

La fotografía de abajo fue tomada por el fotógrafo Mark Shaw en 1955. En ella aparecen Pablo Picasso y la modelo Bettina Graziani. En el estudio se pueden apreciar varias pinturas del pintor, pero también una gran cantidad de objetos colgados y amontonados sobre mesas y en rincones. Todos son parte de la colección de arte primitivo que Picasso comenzó a coleccionar desde joven. Escribió en una carta a su amigo Apollinaire: “Mis mayores emociones artísticas las sentí cuando se me apareció, de repente, la sublime belleza de las esculturas realizadas por artistas anónimos de África. Esas obras son lo más bello que la imaginación humana haya producido”. Por cierto, Picasso y Apollinaire fueron sospechosos por algún tiempo del robo de la Gioconda del Museo del Louvre, en 1911 (con sobrada razón, pues este par tuvo algunos antecedentes medio turbios relacionados con la desaparición de otros objetos del Museo).

Picasso y Bettina Graziani, en el estudio de La Californie, en Cannes. © Mark Shaw, 1955.

El título de la entrada no es ninguna exageración. La Fundación Louis Vuitton (FLV) se encuentra en medio del Bosque de Boulogne, el cual tiene una extensión de 846 hectáreas. Cuenta con dos lagos (con renta de botes), diversos jardínes e invernaderos, senderos peatonales y para bicicletas, caminos para andar a caballo, áreas para hacer días de campo, juegos para niños, dos hipódromos, museos, varios restaurantes y un teatro. Vamos, como el Bosque de Chapultepec de la ciudad de México, sólo que con 168 hectáreas más… y los hipódromos. La FLV, diseñada por el arquitecto canadiense Frank Gehry, fue abierta al público en 2014. Se puede llegar a pie a este centro cultural, en una caminata pausada de unos 20 minutos desde la estación del metro Les Sablons, o bien tomar un minibús eléctrico que tiene su estación a unos metros del Arco del Triunfo (un euro, si se tiene ya un boleto para algún evento). Pues bien, la Fundación presentó en 2017 la exposición Art/Afrique.

Entrada de la Fundación Louis Vuitton (París). © A. Guillaumín T/2017.
Rosa en el vestíbulo de la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Estructura exterior de la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

La periodista británica Louisa Buck dijo en un artículo en The Telegraph que puede ser que hoy se hable mucho sobre la globalización del mundo del arte contemporáneo, pero que el arte de África está lamentablemente sub-representado (www.telegraph.co.uk, del 5 de mayo de 2017). Aunque la exposición tiene un título muy abarcador, nos dice, es imposible que dé cuenta del alcance y variedad de un continente que está integrado por 54 países diferentes (debo reconocer que en el ejercicio de recordar el nombre de esos países, sólo logré hacerlo con 16… y algunos de ellos no figuraban en mi repertorio). Muy quisquillosa la señora Buck, pero hay que concederle la razón de que en efecto, se habla poco del arte africano. Habría que agradecer entonces a la FLV el esfuerzo de brindar una pequeña muestra de la riqueza y calidad del arte en este inmenso continente: el tercero en extensión de los seis continentes, con una superficie de 30 257 466 kilómetros cuadrados (20.2 por ciento de la superficie terrestre) y 1 196 millones de habitantes (más o menos).

Después del 11 de septiembre de 2001, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
El Problema del agua, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Pájaros, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

En la exposición Art/Afrique pudimos apreciar y disfrutar una gran variedad de objetos de arte: máscaras, pinturas, fotografías, murales, instalaciones, cortometrajes, maquetas, esculturas individuales y grupos escultóricos. Todos llenos de ingenio (como las esculturas realizadas con materiales de desecho), en los que se puede expresar lo mismo un gran sentido del humor que una realidad atravesada por enormes problemas sociales y ambientales. Una de las enormes sorpresas, entre muchas, fue descubrir cómo incluso el peinado de las mujeres puede llegar a convertirse en un verdadero arte portátil. Había una pequeña sala en la que se exhibían más de 100 fotografías de mujeres con diferentes peinados. ¿Cómo no admirar la joven con ese peinado tan elaborado? (Ver más abajo)

Esfera elaborada con recipientes de combustible, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Moto alada, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Máquina de escribir, exposición Art/Afrique en la FLV. © A. Guillaumín T/2017.

La exposición Art/Afrique en verdad fue extensa y estuvo compuesta por tres colecciones: 1) Colección Pigozzi (Los Iniciados); 2) Colección Être Lá (Estar ahí), de África del Sur; y 3) la Colección de la propia FLV. No pude encontrar la numeralia de los objetos exhibidos, pero eran cientos (nótese la precisión), a los que dedicamos varias horas… ¿cuatro? La esfera metálica (ver arriba) se encontraba en un piso superior y reposaba sola y misteriosa en una pequeña sala rodeada de ventanales. Había una puerta, pero estaba cerrada, y no había ningún letrero que invitara “Pase usted y juegue un rato con la esfera, ruede con ella”. Al fin nos animamos a atravesar la puerta  para ver sus detalles. Nos dimos cuenta que las piezas, recipientes para combustible, estaban perfectamente ensambladas y ninguna había sido pintada para la obra y mantenían  su color original desgastado por el uso. Fue una sensación extraña estar ahí dentro solos con la esfera. ¿La podemos llevar de recuerdito, emulando la pareja Picasso-Apollinaire? Pero el gusto duró poco: a los cinco minutos, la gente, animada por vernos dentro,  comenzó a entrar y en poco tiempo estaba lleno el lugar. Hora de continuar por otras salas.

Dog Sleep Manifesto, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Infantería con Bestia 01, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Infantería con Bestia 02, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

El conjunto escultórico “Infantería con Bestia”, de la artista sudafricana Jane Alexander, es realmente impresionante, tanto por el tamaño natural de las piezas como por el número de las esculturas, 29.  Esta inquietante obra fue realizada con fibra de vidrio, pintura al óleo, zapatos y alfombra de lana. La Bestia, supongo, es el perro que parece dar órdenes a este grupo de… ¿ otros perros con forma humana? Como contraparte, las maquetas, como la de Station Vampires (ver más abajo), resultan tan divertidas como interesantes, pues fueron elaboradas con plástico, aluminio, piezas recuperadas de basureros y material eléctrico. El artista Rigobert Nimo, de la Republica del Congo, transformó todos esos materiales en estructuras alucinantes de ciencia-ficción. Sí, las maquetas emitían luces de colores, atrayendo a algunos niños: “¿Puedo pedir unos de estos a Santa Claus?”.

Observador en la exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Retrato de mujer, exposición Art/Afrique en la FLV. © A. Guillaumín T/2017.
Retrato de mujer joven con peinado muy elaborado, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

El tiempo se fue como agua. No había vigilantes en las salas (o estaban muy bien camuflados como piezas de madera talladas). Nadie que le dijera a uno: “está muy cerca de la obra”, “no se recargue contra la mampara”, “no tome fotos panorámicas”, “no se tire al suelo para  fotografiar las obras”, “no se suba a ese tótem que se puede venir abajo”.  Una museografía extraordinaria, en donde todo fluye de manera natural (sea lo que quiera decir esta frase), y sin mayores indicaciones. Y eso fue lo que hicimos, fluir… hasta que llegó la hora del cierre de la FLV (9 de la noche). Dejamos fuera una serie de experiencias paralelas que incluían música, poesía y literatura, con un catálogo de texto de escritores africanos. Ya será para la próxima. Con mucha luz solar todavía, emprendimos el regreso al metro. Hora de cenar.

Escultura de hombre formada con cabezas y manos, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Station Vampires, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Vista de la exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

No soy experto en arte. Más bien muestro mi gran ignorancia en este terreno a la menor provocación. Pero, como habría dicho mi querido amigo Alfredo Gutiérrez (qepd), con saber sorprenderse a tiempo es más que suficiente. Y ya encarrerado quizá me anime a seguir con una próxima entrada sobre Picasso Primitivo, una interesante exposición de este artista en el Museo Quai Branly, dedicado, precisamente, al arte de las culturas tradicionales de todo el mundo.

Autobús eléctrico que lleva a la FLV. © A. Guillaumín T/2017.

Arianna Dormida

No recuerdo dónde la vi por primera vez . Es probable que haya sido en una revista o en un diario en Internet. Inmediatamente supe que tenía que conocerla en vivo y a todo color. Ver de cerca su cara, su cuerpo, ¡su ombligo!, y los pliegues de su sensual vestimenta. Si pudiera también pasar la mano sobre ella para percibir mejor sus texturas sería mucho mejor. Pero dudo que tuviera oportunidad alguna de hacerlo sin ser detenido de inmediato y presentado a las autoridades (aparte de la vergüenza de aparecer en la prensa mundial… en estos tiempos de acosos y demandas millonarias).

Ya sabía dónde habitaba esta mujer de dos toneladas de peso: en la Galería Uffizi de Florencia, después de un “peregrinaje” de 220 años por diversas partes de Italia. El mismo Miguel Ángel la admiró y ahora la tenía de nuevo cerca (es un decir), en la Sala 35, dedicada a, precisamente, Miguel Ángel y los Florentinos. Arianna Durmiente (Arianna Addormentata) es una copia romana del siglo III antes de Cristo de una obra helénica. ¡Qué copia! Me imagino a la madre del escultor que la copió: “Hijo, ya te dije que tienes que deshacerte de esa fea manía tuya de copiar. Así no vas a llegar a ninguna parte y vas tener que dedicarte a la política”. Y vaya que si llegó a alguna parte… al menos la escultura.

Los Puentes desde Uffizi
Los puentes sobre el río Arno, desde la Galería Uffizi, Florencia. (C) Arturo Guillaumín T. / 2016.

Y llegó la hora. Entramos a la Uffizi temprano, pero ya había demasiada gente, cientos de visitantes (¿miles?). Uno quisiera entrar a los museos y las galerías con otras 20 o 25 personas, a lo sumo, para poder sentarse con calma a ver las obras y tomar fotografías a gusto y sin que nadie se atraviese a la hora de apretar el disparador. Cabe decir que en esa Sala 35 se encuentra, ni más ni menos, que el cuadro Tondo Doni de Miguel Ángel: una pintura redonda de 120 centímetros de diámetro, de alrededor de 1505, en la que aparecen la Virgen con el Niño y San José, con un marco que el mismo pintor diseñó. Para mí el famosísimo Tondo Doni estaba en segundo lugar: yo iba a ver a Ariannita (nótese ya cierta confianza con la chica).

“Mi scusi, dov’è la stanza trentacinque?”, me hubiera gustado haber preguntado así, con un fluido italiano a alguno de los asistentes de la galería. Pero no, sólo alcancé a balbucear algo incomprensible que me llevó a unos baños que se encontraban al final de un largo corredor. Después de un breve recorrido, al fin nos encontrábamos en el umbral de la Sala 35. Estaba preparado para el complicado encuentro con Arianna: tropiezos, empujones, piquetes de ojo, para abrirme paso y llegar a ella. Pero cuál sería mi sorpresa. Ni mi en mis más fantasiosos sueños lo hubiera imaginado… pero esto es lo que me encontré.

Arianna Dormida (Arianna Addormentata). Galería de los Uffizi, Florencia. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

¡Arianna sola para mí! Sí, todo mundo estaba admirando el cuadro de Miguel Ángel y ni quien le echara un ojo a la escultura. Así que pudimos recorrerla centímetro a centímetro. Con una oportunidad como esta tuve que contener las ganas de pasar la mano sobre ella, sobre todo por el ombligo. Eso sí, tomé alrededor de 20 fotografías. Pero ninguna de ellas se compara con la emoción de estar frente a esta obra de arte (no importa que sea copia) de hace más de 2 200 años.

Las sandalias y los pliegues de Arianna. Galería de los Uffizi, Florencia. © Arturo Guillaumin T. / 2016.
La mano, la nariz, de Arianna. Galería de los Uffizi, Florencia. © Arturo Guillaumin T. / 2016.

Después de una experiencia como esta, sólo queda reponerse con una bisteca alla fiorentina, un vinillo tinto y un helado para no cerrar en falso. Bueno, y apenas ese fue el comienzo en esa ciudad, cuna del Renacimiento y el Humanismo, y centro de la Toscana.

El ombligo de Arianna. Galería Uffizi, Florencia. © Arturo Guillaumín T. / 2016.

La Defense: incursión fotográfica en el lado oculto de la luna

El chofer del servicio de traslados nos estaba esperando ya con un pequeño cartel con mi nombre. Bastó un breve intercambio de palabras para llegar a tres conclusiones importantes: 1) yo no hablo francés; 2) él no habla español ni inglés; 3) ninguno de los dos habla el macedonio ni el euskera. Le dije que íbamos a un hotel en La Defense y le proporcioné una tarjeta con la dirección exacta. La leyó y la introdujo a su sistema de GPS. Todo, aparentemente, bajo control. En unos veinte minutos llegamos a esta zona y nos introdujimos en un mundo de avenidas, pasos a desnivel y glorietas. El chofer veía con cierta preocupación la pantalla del GPS y parecía no comprender la situación. En su básico inglés me decía “it’s very complex”. Cosa que nos quedó bien clara después de otros veinte minutos de dar vueltas y tomar otras rampas y no llegar a nuestro destino. Me pidió de nuevo la tarjeta para ver el teléfono del hotel. Habló y pidió instrucciones para llegar. Escuchaba y repetía  “d’accord, d’accord” (frase que me tranquilizaba). Colgó y nos embarcamos en otro round de vueltas y retornos… y nada. Habló dos veces más y seguía con su “d’accord”, entre otras frases que denotaban una creciente desesperación. Después de diez minutos más de intentos al fin llegamos a la puerta de nuestro hotel. Respiró aliviado y se deshizo en disculpas y volvió a decir que la zona era “very complex”. Gracias a mi escaso francés de guía turística, pude captar ese “Desolé!… Desolé!”.

¡Al fin en La Defense!

Escultura After Olympia, de Anthony Caro, con el Gran Arco al fondo. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Carpe Diem. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Escultura la Araña Roja, de Alexander Calder. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
El Gran Arco de la Fraternidad. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.

Pero, ¿qué carambas es La Defense (La Defensa, en español)? Se trata del barrio de negocios de París que, para no irrumpir en el corazón de la capital francesa ni romper con la arquitectura clásica, parques y bulevares haussmannianos que tanto nos atraen, se asentó a dos kilómetros de los límites externos de su centro, en el oeste, cruzando el río Sena. De esta manera, no se afectó ninguno de sus 20 distritos (arrondissements), dotados cada uno de su propio carácter e historia. Estamos hablando de una extensa zona de 160 hectáreas situadas en tres comunas: Nanterre, Puteaux y Courbevoie. Tiene una explanada peatonal (¡una maravilla!) de 31 hectáreas, que conecta los edificios y que incluye jardines colgantes, rampas y pasajes, además de ochenta obras de arte (que convierten al área en un museo al aire libre), áreas de descanso, diversión, salas de exposición, comercio  y mercados. La zona está perfectamente conectada con el resto de París por medio de la Línea 1 del metro y el RER (Réseau Express Regional), que es el sistema ferroviario regional. En solo 15 minutos se puede uno bajar en el Museo del Louvre, o en 5 minutos más en la Plaza de la Bastilla. A los habitantes y trabajadores de La Defense se les llama “Defénsois” que, por cierto, suena bien.

Ciclista, haciendo alto en la explanada. La Defense, París (foto tomada desde el cuarto del hotel). © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Anuncio luminoso del enorme centro comercial Quatre Temps. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Texting junto al espejo de agua Takis, adornado con ligeras esculturas coronadas con luces. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Viva el Viento, de Michael Deverne (un ave posada en una lámpara me mira con desconfianza). La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.

La construcción de La Defense inició en la década de 1960, pero fue diez años después que la zona adquirió impulso. Si bien al comienzo los diseños eran más bien convencionales, poco a poco se hicieron más audaces y el único limite sería la creatividad de los arquitectos, urbanistas y artistas plásticos que, en conjunto, imprimieron un sello tan especial que hoy constituye un lugar que merece ser visitado, al igual que la Torre Eiffel, Montmartre o el Barrio Latino. Aquí coexisten perfectamente la escala de los grandes rascacielos con la de espacios acogedores “a ras del suelo” donde se puede convivir, hacer ejercicio, aprender a bailar o comprar quesos y verduras directamente de los productores locales. El centro de atención de todo el conjunto es el Gran Arco, situado en el extremo oeste de la explanada: un inmenso cubo de hormigón recubierto de cristal y mármol blanco de Carrara, de 110 metros de lado y con un peso de 300 mil toneladas. La catedral de Notre Dame cabe completamente entre las paredes del Arco. Por dentro, alberga diversas dependencias de gobierno y de empresas francesas e internacionales. Si se mira un mapa, se puede constatar que el Gran Arco está en alineación con el Arco del Triunfo, el obelisco de la Plaza de la Concordia, el Arco del Carrusel y la pirámide de cristal del Museo del Louvre. ¡Vaya si son obsesivos estos urbanistas con el orden!

Reflejos y texturas de los edificios. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
La Fuente de las Corolas, de Louis Leygue. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Perspectiva de la explanada. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.

La Defense cuenta con un sitio oficial en Internet (www.ladefense.fr) muy bien organizado donde podemos encontrar información de primera mano para visitar y conocer mejor este barrio. Incluso tiene un catálogo pormenorizado de las obras de arte que están distribuidas en distintas partes de la explanada. Por cierto, ésta extensa superficie se puede recorrer con un mapa o una guía en la mano o, como nosotros, dejándonos llevar por la curiosidad y descubrir sus inesperados rincones, que pueden incluir un cultivo de vides, árboles con una estructura de madera para que los visitantes observen de cerca sus copas (con la benevolencia de los pájaros que los habitan), agradables bares al aire libre donde se puede disfrutar la “hora feliz”, una visita a la cubierta del Gran Arco con vistas espectaculares de París… Aunque se intente, es casi imposible perderse en La Defense, debido a que se encuentra muy bien señalizada. Una de las cosas que descubrimos es que los turistas aún son una minoría entre la gente que recorre esta área. Nada de filas interminables o grupos conducidos por sus guías, indicándoles que miren a la derecha o a la izquierda, lo cual es de agradecer, sobre todo en verano. No hay que olvidar que París es visitada por más de 18 millones de turistas extranjeros cada año.

Conjunto de árboles con rampa para explorar sus copas. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
La Fundación Louis Vuitton en el bosque de Bolonia (izq.), y la Torre Eiffel al fondo (foto tomada desde la ventana del hotel). La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Espejismos fotográficos. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Jugando con los reflejos de los edificios. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.

Alojarnos en un hotel de La Defense, nos permitió explorar y conocer una nueva dimensión de la ya alucinante ciudad de París. Desde nuestra habitación teníamos una gran panorámica que incluía no sólo la explanada central, sino también la Fundación Louis Vuitton, en medio del Bosque de Bolonia, y la Torre Eiffel al fondo. Por cierto, si el lector o lectora de esta entrada observa la foto correspondiente a esta vista (dos fotos arriba) podrá advertir una edificación enorme que se levanta y oculta mínimamente la Fundación en el extremo izquierdo. He consultado mapas y fotos satelitales (incluyendo Google Earth) y no encuentro ni una pista de cuál puede ser. ¿Alguna sugerencia? Por lo pronto queda como un enigma a resolver.

Finalmente, si se están preguntando quién vino a recogernos para llevarnos de vuelta al aeropuerto al final de nuestra estancia (yo sí lo hice, y con cierta preocupación)… sí, justamente el mismo chofer que nos trajo. Llegó cinco minutos antes de lo convenido y con una amplia sonrisa que claramente significaba “Not very complex!”. Salimos sin contratiempo alguno y llegamos rápido al CDG.

¿Platillo volador aterrizando? La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Parque La Danza, de Shelomo Selinger. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Fuente de agua potable, de Claude Torricini. Dentro de la boca de la rana hay otra más pequeña por donde sale el agua. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Escultura que inspiró el nombre del barrio: La Defensa de París, 1883, de Louis Ernest Barrias. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.

Escaparates, aparadores y vitrinas

La palabra “escaparate” proviene del neerlandés schaprade, que significa armario. Lo mismo se utiliza para designar un espacio en las fachadas de las tiendas, con cristal por la parte exterior, donde se exponen las mercancías. También se le conoce como “aparador”, que originalmente significa armario ancho de mediana altura, en el que se guarda todo lo necesario para el servicio de la mesa en el comedor. De igual forma se utiliza la palabra “vitrina”: mueble cerrado y acristalado que se usa para exponer artículos frágiles o valiosos, como suele hacerse en los museos, por ejemplo. Escribo todo esto no como breviario cultural sino porque no tenía idea de cómo comenzar esta entrada sobre escaparates, aparadores y vitrinas.

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Exhibición de la moda. Palacio Pitti, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016
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Exhibición de instrumentos antiguos: violas da gamba. Palacio Pitti, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.
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Exhibición de la moda. Palacio Pitti, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.
Vestido con alas, en el Pitti.
Vestido con alas, en el Pitti. © Arturo Guillaumin / 2016.

En los viajes uno se encuentra con aparadores que bien merecen una fotografía. Ya sea por los objetos individuales que se exponen, por la composición que ofrecen en conjunto o por el contexto que los rodea. No se diga en los museos en los que se despliega el arte de la curaduría, esa interesante actividad que incluye la investigación, selección, disposición espacial y exhibición de piezas de una colección. El escaparatismo (no confundir con escapismo, hoy un deporte de moda entre los políticos), por su parte, es una disciplina que se dedica al diseño de escaparates, mediante la combinación de los objetos expuestos, los materiales y la decoración. Todo para incitar el deseo del observador.

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Aparador en la noche. Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.
Dulces de mazapán.
Dulces de mazapán. © Arturo Guillaumin / 2016.
Aparador con reflejos enigmáticos.
Aparador con reflejos enigmáticos y chica al lado. Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.
Exhibición de porcelana en el Palacio Pitti.
Museo de la Porcelana, Jardínes Boboli, Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.

A veces la fotografía “ayuda” a ver los objetos con más detenimiento, con más tiempo del que le dedicamos a las cosas cuando las tomamos con una cámara. Nos permite descubrir detalles en los que no habíamos reparado antes, como en el grupo de esculturas miniatura de arriba. Fue en el momento de procesar la foto cuando pude percibir mejor las cualidades de la obra: los delicados pliegues de la ropa, las facciones de las caras, el ramillete de flores, las vasijas…  Como  las cosas que se exhiben en los escaparates más atractivos están fuera de mi rango de compra (o no se venden), me conformo con una foto. Ese es el caso de la bellísima medusa de cristal de abajo, elaborada en la isla de Murano. Esto me recuerda los escaparates del Barrio Rojo de Amsterdam… pero esa es otra historia: no me dejaron tomar fotografías.

Medusa de cristal, en Venecia.
Medusa de cristal de Murano, en Venecia. © Arturo Guillaumin / 2016.
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Mirada fría y enigmática. Florencia. © Arturo Guillaumin / 2016.
Estudio en rojo.
Estudio en rojo. © Arturo Guillaumin / 2016.

El científico y divulgador catalán Jorge Wasenberg dice que sabemos mucho del mundo físico, pero poco de las emociones sensoriales. En un divertido ensayo asevera que nuestros cinco sentidos dan para 325 combinaciones de emociones sensoriales. Agrega que ha encontrado una experiencia donde se combinan los cinco sentidos a la vez: el disfrute de un buen vino (¡tenía que ser!): se mira, se huele, se acaricia, se escucha y sobre todo se degusta. En el otro extremo, afirma, se encuentra el caso de la vitrina donde la percepción se reduce a la unidad: ver. No se puede tocar, oler, escuchar ni saborear. ¿Será? Yo tengo ya algunas dudas sobre esto último.

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Piazza dei Miracoli, desde el Baptisterio. Pisa. © Arturo Guillaumin / 2016.

¿Qué WhatsApp?

Ya que nos encontrábamos en París, quise probar si el Whatsapp tenía un alcance de más de veinte metros (que es la distancia promedio a la que yo lo utilizo), enviando un mensaje al otro lado del charco. Tomé una foto del maravilloso edificio de la Fundación Louis Vuitton (ver entrada anterior) y se la envié a José Luis, con el siguiente texto: “Saludos desde París, mi querido amigo”. En verdad no creí que resultara la prueba. Más bien esperaba un aviso que me informara algo como: “Lo sentimos mucho. Su mensaje no pudo ser enviado. Por favor, haga una recarga extra de 50 € y ya veremos”.

Cuál sería mi sorpresa cuando de mi celular brotó la melodía que me anunciaba la recepción de un mensaje: “♬ tit-ta-ra-tit-tit ♬ B♭”. ¡Sí funciona! José Luis me había respondido en menos de tres minutos. Su respuesta fue: “Querido amigo rabelesiano –por la anterior alusión a Gargantúa–, es un extraordinario gusto recibir tu mensaje icónico desde la Ciudad de la Luz. Y ya que andas elongando el espíritu con la exquisita frivolidad parisina (¡Vuitton!), espero una imagen de los escaparates de las Galerías Lafayette. Enardece tu vivencia paseando por el Boulevard Clichy (¡Oh Pigalle!). Te abrazo desde esta ciudad, con menos calor que el de París, ¡pero también con menos belleza! Cuídate”.

Estoy ya acostumbrado a las referencias literarias y a ese lenguaje churrigueresco (tardío) que utiliza en estos intercambios por el celular. Desencripté lo que tenía que desencriptar y pasé al resto del mensaje. Allí había una petición y una recomendación. La primera, una fotografía de los aparadores de la famosa tienda Galerías Lafayette. La segunda, la sugerencia de recorrer el Boulevard Clichy, con especial atención al barrio de Pigalle, conocido ampliamente por las ofertas nocturnas que ofrece en sus calles y esquinas. Respecto a la primera, no tomé una, sino varias fotografías de las Galerías, pero no de los aparadores. Decidí mejor captar la impresionante cúpula que remata el edificio.

La cúpula de las Galerías Lafayette.
La cúpula de las Galerías Lafayette.

No sólo fotografié la cúpula desde el interior de los almacenes, que es como se aprecia la belleza de sus vitrales. También decidí mostrar su cara oculta. Así que subimos a la azotea. Allí descubrimos que este último nivel ha sido acondicionado para… ¡hacerse las ilusiones de que uno está en la playa! (versión francesa de “Acapulco en la azotea”). Sólo faltaban los vendedores de coco con ginebra. Una inspección detallada del lugar nos llevó a una pequeña placa en la que se puede leer que el piloto aviador Jules Védrine aterrizó su aeroplano allí mismo, el 19 de enero de 1919.

La cúpula por afuera.
La cúpula por afuera.
Azotea de las Galerías
Azotea de las Galerías, con la “playa” verde.
La placa qye recuerda la hazaña.
La placa que recuerda la hazaña.

La historia es esta. Las Galerías Lafayette organizaron una competencia para desafiar a los pilotos más atrevidos de la época, la Era Dorada de la Aviación: aterrizar un avión en la azotea de los famosos almacenes. El premio consistía en la jugosa cantidad de 25 mil francos (supongo que hace casi cien años esa era una buena cantidad de dinero). Las autoridades parisinas prohibieron de inmediato la competencia, por el peligro que representaba intentar tal cosa en el centro de París, a 33 metros de las concurridas calles y con numerosos edificios aledaños (entre ellos, el de la Ópera Garnier). Tal prohibición le valió bolillo (para utilizar una frase ya en desuso) a nuestro buen Jules. Eso sí, tuvo que pagar una multa de seis francos por la hazaña tan temeraria. Supongo que los 24 994 francos que le quedaron valieron la pena.

Jules Védrines
Jules Védrines
El aterrizaje sobre las Galerías Lafayette.
El aterrizaje sobre las Galerías Lafayette.

Respecto a la sugerencia de José Luis de visitar Pigalle, debo decir que las cosas no salieron como yo quería. Inventar que iba a comprar un poco de pan en una famosísima boulangerie de aquel barrio… a las once de la noche, no dio resultado. Será para la próxima vez. Con una excusa un poco más elaborada.

Nota: hacer click sobre las fotos para ver los detalles.

A excepción de las últimas dos fotos (Biblioteca Nacional de Francia), las demás son mías: © Arturo Guillaumín T. / 2015.

Un barco que emerge en medio del bosque

El año pasado (2014), se inauguró la Fundación Louis Vuitton, en París, un espacio dedicado al descubrimiento de la creación artística contemporánea. En él se aloja una amplia diversidad de experiencias culturales para los visitantes: una colección permanente de arte, los trabajos comisionados por la Fundación, las exhibiciones temporales, la creación de artistas in situ, así como otras expresiones que incluyen al teatro y la música.

Por un euro, uno se puede subir a este minibús para visitar la Fundación.
Por un euro, uno se puede subir a este minibús eléctrico para visitar la Fundación.

El edificio fue encargado al arquitecto canadiense Frank Gehry, y es el primer gesto artístico con el que se encuentra el visitante al llegar: una enorme y elegante estructura que semeja un barco. Las curvas y líneas geométricas se han adaptado perfectamente a las formas del jardín circundante, y las doce velas de vidrio juegan con la luz y los reflejos de una enorme pila de agua sobre la que se asienta la estructura. De hecho, su diseño fue inspirado por un yate de principios del siglo pasado, el yate Susanne.

Yate Susanne. La fotografía fue tomada por Ken Beken, en 1911.
Yate Susanne. La fotografía fue tomada por Ken Beken, en 1911. Obtenida de www.classicboat.co.uk.

Para lograr la apariencia de un barco, se construyeron las “velas” con un material que les diera una apariencia de ligereza: el vidrio. Se produjeron paneles de vidrio a escala industrial, y con especificaciones muy particulares para poder satisfacer las necesidades de la construcción. La superficie se dividió en 3 600 elementos: cada uno es único en cuanto a su radio, curvatura, ángulo y orientación. La sola colocación de estos paneles requirió de 17 meses.

Una de las fachadas de la Fundación Louis Vuitton
Una de las fachadas de la Fundación Louis Vuitton.
Vista desde una de las terrazas hacia La Defense
Vista desde una de las terrazas hacia La Defense (el área de negocios de París).

La arquitectura constituye una continua interacción entre el interior y el exterior, e invita al visitante a recorrer todos sus espacios, sus recovecos, corredores, terrazas, escaleras y salas. Es una sucesión de cambiantes perspectivas que crean una experiencia arquitectónica única. Aun si despojáramos al edificio de todos los objetos que contiene, sería un motivo suficiente para visitarlo.

Pasillo junto al espejo de agua
Pasillo junto al espejo de agua.

El enorme peso de las velas de vidrio se apoya en una enorme estructura mixta de madera y acero, dos materiales que tienen diferentes propiedades y cuyas interacciones tuvieron que ser puestas a prueba mediante modelos a escala. “Un iceberg envuelto en velas de vidrio”, así es como Gehry imaginó desde el principio su edificio.

FLV Terraza y Estructura 01Terraza y pasillos.

Vestíbulo. (Foto: © Arturo Guillaumín T. 7 2015
Vestíbulo.
Terraza, pasillos y estructura. (Foto: © Arturo Guillaumín T. / 2015)
La estructura de las velas.
Espejo de agua.
Espejo de agua.

La Fundación cuenta con 17 galerías en las que se alojan la exhibición permanente, las exposiciones temporales, así como las actividades de los artistas invitados. Las escaleras y los elevadores son más que elementos que conectan los diversos niveles del edificio: fueron cuidadosamente diseñados para que sean parte de una unidad geométrica total.

Una de las galerías de la Fundación. (Foto: © Arturo Guillaumín T. / 2015)
Una de las galerías.

La Fundación Louis Vuitton se levanta a un lado del Jardín d’Acclimatation, en el Bosque de Bolonia (Bois de Boulogne), con una extensión de 846 hectáreas. Era un antiguo coto de caza de los reyes, y hoy es un gran pulmón de la ciudad y un parque que supera en tamaño al Central Park de Nueva York y al Hyde Park de Londres. Es una excelente lugar para jugar a las escondidas.

Escalera de agua.
Escalera de agua.
La escalera de agua desde el nivel de la entrada a la Fundación.
La escalera de agua desde el nivel de la entrada a la Fundación.

IMG_20150719_190710Nota: algunos datos técnicos de la Fundación fueron tomados de: LVMH. (2014). Fondation Louis Vuitton. París: Connaissance des Arts.

Todas las fotografías (a excepción de la segunda): © Arturo Guillaumín T. / 2015

Arte, poesía y… trenes

Abordamos el tren de Eurostar poco antes las nueve de la mañana, en la estación Gare du Nord de París. Este tren une, entre otras ciudades, a París, Londres y Bruselas. La velocidad crucero es de alrededor 330 km/h, aunque la reduce a 140 km/h cuando corre por el Eurotunel, por debajo del Canal de la Mancha, a lo largo de 50 kilómetros. Nos dirigimos a Londres, donde nuestros objetivos principales son los museos de Victoria y Alberto y el de Historia Natural, así como la galería Tate Modern. El viaje dura 2 horas y 15 minutos. Con la diferencia de uso horario entre las dos ciudades, llegamos a las 10 de la mañana, hora local.

El primer contacto que tenemos es con la estación londinense de Saint Pancras, un enorme espacio que alberga no sólo la estación, sino también un hotel de cinco estrellas, restaurantes, bares y tiendas de todo tipo. Combina magníficamente la arquitectura victoriana con la arquitectura moderna. En los pasillos hay diversas esculturas, pero la que más nos llama la atención es Meeting Place (Lugar de encuentro), del escultor británico Paul Day.

Lugar de encuentro
Lugar de encuentro
Lugar de encuentro
Lugar de encuentro

En la base de la escultura, el artista esculpió un friso en alto relieve en el que se representan diversas escenas relacionadas con la vida del metro londinense (tube, le dicen los ingleses). Es incréible el grado de detalle de las figuras y la inusual perspectiva de cada escena. A continuación muestro algunas fotografías del friso. Dé click en cada una de ellas y observe los detalles.

Friso 01
Friso 01
Friso 02
Friso 02
Friso 03
Friso 03

 

Friso 04
Friso 04
Friso 05
Friso 05

Tomamos el metro hacia South Kensington, por la línea Picadilly, hacia los museos. De regreso a la estación, por la noche, tendremos oportunidad de explorar más la estación Saint Pancras, incluyendo algún restaurant.

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