Alfonso Cuarón, el Parque Monceau, el señor Cernuschi y un museo de arte extraordinario.

París, te amo es una película de 2006 dirigida por varios directores de distintas nacionalidades. Está integrada por 18 cortometrajes que corresponden a 18 (de los 20) distritos (arrondissements) de la ciudad. El tema central, como se puede adivinar, es el amor, e incluye una historia de vampiros. Uno de esos cortos se llama Parc Monceau (Parque Monceau), dirigido por el director mexicano Alfonso Cuarón (Ciudad de México, 1961). Dura apenas 5 minutos y se desarrolla en un plano secuencia (una sola toma) mientras los dos personajes principales caminan por la calle, por el Boulevard de Courcelles que pasa a un lado del Parque Monceau. Se trata de un ingenioso diálogo que nos conduce a imaginar lo que no es, para finalmente descubrir la verdadera razón del encuentro de dichos personajes. La historia fue escrita por el propio Cuarón, mientras viajaba en taxi de Pisa a Cannes (¿cuánto le habrá costado la dejada?). Este es un video de YouTube de Parc Monceau, de Cuarón, para que la recuerden.

Parc Monceau, de Alfonso Cuarón (2006).

Lo curioso es que el Parque Monceau que da nombre al cortometraje nunca aparece en él. Ni siquiera un fragmento de la bella herrería de la reja que lo rodea. Fue construido en 1778 y hoy cubre una extensión de 82 506 metros cuadrados. En 1797 fue escenario del aterrizaje del primer salto de paracaídas que hizo un tal André Jacques Garnerin, quien se lanzó desde un rudimentario globo (que incluso lo pudo haber matado antes de saltar). Claude Monet pintó varios cuadros en el parque, lo que nos da pistas de la belleza de este lugar. Su diseño paisajista, entre inglés y oriental, dio paso una sucesión de extrañas construcciones, que incluían una pirámide egipcia, un castillo gótico y una pagoda china, entre otros excesos. De todas ellas destaca un estanque rodeado de columnas y que lleva el nombre de Naumaquia: lugar donde en la antigua Roma se representaban combates navales. Monceau es hoy un parque de extraordinaria belleza que, afortunadamente, no es visitado por las grandes masas de turistas. Es una verdadera joya. Un remanso para ir a caminar y a descansar, fuera del ajetreo de la ciudad.

Parque Monceau. Estanque con columnas (Naumaquia). © Arturo Guillaumin T. / 2018.
Parque Monceau, Chica leyendo. © Arturo Guillaumin T. / 2018.
Parque Monceau, Juegos. © Arturo Guillaumin T. / 2018.
Parque Monceau, Gran árbol. © Arturo Guillaumin T. / 2018.

Henry (Enrico) Cernuschi (1821-1896) fue uno de los tres héroes italianos que liberaron a Milán de la ocupación austriaca, y quien más tarde tuvo que refugiarse en Francia. Algo debe haber salido mal. Si bien sus primeros años fueron muy difíciles, logró hacerse de una buena reputación como economista y, posteriormente, como consultor de inversionistas. Compró además acciones de diversos negocios, lo que le permitió acumular una fortuna millonaria. Cernuschi realizó viajes por todo el mundo entre 1871 y 1873. Durante su estancia en Japón y China, adquirió alrededor de 5 000 piezas de arte que pasaron a constituir el centro de su colección. En París, compró el último terreno disponible junto al Parque Monceau. Allí construyó su mansión para vivir rodeado de sus obras de arte. Murió en Menton, una ciudad cerca de la frontera con Italia, en 1896. Antes de morir, había donado su casa y sus colecciones a la ciudad de París. Hoy es el Museo Cernuschi de Artes Asiáticas, un museo fuera de serie que muestra colecciones de China, Japón, Corea y Vietnam, entre otros países., además de exposiciones temporales que incluyen arte contemporáneo. Es un museo que, afortunadamente, también se encuentra fuera del circuito del turismo masivo.

Museo Cernuschi de Artes Asiáticas: fachada. © Arturo Guillaumin T. / 2018.
Museo Cernuschi de Artes Asiáticas: Buda japonés. © Arturo Guillaumin T. / 2018.
Museo Cernuschi de Artes Asiáticas: diversas piezas en cerámica. © Arturo Guillaumin T. / 2018.
Museo Cernuschi de Artes Asíaticas: Columnas y decoración con garzas. © Arturo Guillaumin T. /2018.
Museo Cernuschi de Artes Asiáticas: Músicos a caballo, en cerámica. © Arturo Guillaumin T. / 2018.
Museo Cernuschi de Artes Asiáticas: la cuidadora en meditación. © Arturo Guillaumin T. / 2018.

Desde el cortometraje de Cuarón, hasta el Museo Cernuschi, pasando por el Parque Monceau y el breve descanso de la chica vigilante, parecen ser piezas de la misma historia de amor, de amor al arte, y que hemos tomado como pretexto para mostrar algunas fotografías de espacios que se han convertido en lugares.

Fluctuat nec mergitur

Fluctuat nec mergitur significa, en latín, “batida por las olas pero no hundida”. Esta frase es el lema de París. La podemos encontrar en el escudo de la ciudad debajo de un barco que navega agitadas aguas. Nada más lógico en una ciudad que es atravesada por el río Sena y cuyo núcleo urbano comenzó en una pequeña isla llamada Isla de la Ciudad (Île de la Cité), que tiene, precisamente, forma de un barco. Si bien aparece en muchos edificios oficiales y estaciones del metro de la ciudad, el lema no fue comprendido a cabalidad hasta el ataque terrorista de finales de 2015. Desde entonces se ha convertido en símbolo de resiliencia de París.

Una vez más la frase surge de nuevo en boca de la alcaldesa de París, Anne Hidalgo (gaditana, por cierto): “No tengo palabras para expresar el dolor que siento. Esta noche, todos los parisinos y franceses lloran este emblema de nuestra Historia Común. De nuestro lema obtendremos la fuerza para levantarnos: Fluctuat Nec Mergitur”. Se refería así al terrible incendio que casi acabó con la Catedral de Notre Dame este 15 de abril de 2019. De las 7 a las 11 de la noche, el fuego acabó con la aguja y el techo de la catedral y estuvo a punto de destruir el resto de la estructura de no ser por la intensa labor de más de 400 bomberos.

Incendio de Notre Dame. (C) Thomas Samson (AFP) / 2019.
Incendio de Notre Dame (c) Patrick Anidjar (AFP) / 2019.
Incendio de Notre Dame (C) Francois Mori (AP) / 2019.
Incendio de Notre Dame, París. (C) Geoffroy Van Der Hasselt (AFP) / 2019.

La escala del desastre va más allá de un sitio turístico que era visitado por más de 15 millones de personas al año. Se trata de un referente histórico, cultural y artístico de importancia mundial. No es necesario ser francés ni católico para comprender la enorme pérdida de este edificio gótico de 850 años, construido entre 1163 y 1345. Tardarán muchos años para reconstruirlo. El presidente Macron dijo: ” El pueblo francés la reconstruirá, la levantará de nuevo. Y estaremos ahí, el mundo entero está y estará con Francia. La catedral de Notre Dame resurgirá de sus cenizas”. Habrá que esperar mucho tiempo, antes de poder escuchar esos impresionantes cantos gregorianos en sus misas.

Desde el xilófono de 8 notas a Yuja Wang

Tengo escasos y fragmentados recuerdos de mi niñez temprana. Son breves imágenes que han perdurado a través de las eras geológicas. Uno de esos recuerdos proviene de cuando estaba en el kinder. Para una festividad, posiblemente el Día de las Madres, nuestras profesoras creyeron que era una buena idea que los niños interpretáramos la Marcha Turca, de Mozart. Pero debo aclarar que sólo íbamos a tocar instrumentos de percusión, acompañando a una grabación profesional de dicha pieza. Así que entre los niños y niñas se repartieron claves, panderos, tambores, maracas, triángulos, etc. A mi me asignaron un xilófono de 8 notas. No recuerdo cuántas veces ensayamos, pero sí que llegamos a dominar razonablemente los ritmos y cuándo debía entrar  cada uno de los grupos de instrumentos. De las 8 notas disponibles en mi xilófono, debía tocar solamente una. Yo, debo confesarlo, me sentía un verdadero virtuoso con ese despliegue de destreza. Recuerdo bien que nuestra interpretación fue espléndidamente aplaudida (aunque teniendo a nuestras mamás de público uno no puede esperar mucha exigencia). Ignoro si esa experiencia tuvo algún impacto en alguno de nosotros, de tal suerte que haya decidido tomar el camino de la música.

La Marcha Turca, es en realidad uno de los tres movimientos de la Sonata para Piano No. 11, de Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 1756 – Viena, 1791): 1. Andante grazioso, 2. Menuetto y 3. Rondo Alla Turca Allegretto. Este movimiento es muy popular y se suele tocar aisladamente del resto de la Sonata. Constituye uno de los caballos de batalla de estudiantes de piano, quienes lo practican hasta el cansancio para demostrar que el dinero que han pagado los padres por las lecciones ha valido la pena. Pues bien, el pianista ruso Arcadi Volodos (San Petesburgo, 1972), considerado como uno de los mejores, hizo un arreglo muy ingenioso de la Marcha, dándole un toque divertido y a veces jazzeado. Pero no solamente eso: requiere de una maestría técnica impresionante. Yuja Wang (Pekín, 1987) es una pianista china que hoy, con sus 21 años de edad, es una de las intérpretes mejor dotadas técnica e interpretativamente en el mundo. He querido esta vez compartir la versión de Volodos de la Marcha Turca de Mozart, en manos de Yuja Wang.

Yuja Wang, interpretando la Marcha Turca de Mozart, en la versión de Arcadi Volodos. Carnegie Hall. (c) Video tomado de TouTube.

¿No es una maravilla? Tiendo a pensar que hay una conexión cósmica entre mi interpretación de una sola nota en el xilófono en el kinder y esta de Yuja Wang en el famoso Carnegie Hall de Nueva York. Seguramente también su mamá debe estar orgullosa de ella.

De premios, libros, palacios, miniaturas y edificios inexistentes

Veo que mi última publicación tiene fecha del 9 de marzo de 2018. Durante 10 meses he estado alejado de este blog y la única razón dudosamente válida que encuentro es que estuve inmerso en un periodo sabático, escribiendo un libro sobre sustentabilidad. En mi página descubro varios borradores que nunca vieron la luz… o la oscuridad. Así que después de 300 días de ausencia retomo el ejercicio de escritura en este medio. Dedico esta entrada a mi buen amigo Luis Porter Galetar quien, por cierto, obtuvo el Premio ANUIES 2018 por su Trayectoria Profesional en Educación Superior y Contribución a su Desarrollo.

luis porter
Luis Porter, entrevistado por la publicación Al Momento. Copyright Al Momento, 2018.

Y hablando de Luis Porter, el 22 de febrero del año pasado tuve la oportunidad de participar en la presentación de su libro Lecciones a mí  mismo. Vida y universidad. Esto sucedió en el Palacio de Minería de la ciudad de México, a las cinco de la tarde. Se trata de un libro extraordinario que aborda diversos problemas de la universidad pública mexicana. Pero del libro hablaremos en otra entrada con más calma y detalle. Lo que ahora me ocupa es otro asunto. Después de la presentación, la firma de ejemplares por el autor y el desalojo de la sala, los participantes nos despedimos en el pasillo, en medio de ríos de gente que iba a la caza de buenos libros. Le dije a Luis que quería aprovechar que todavía era temprano y  había luz natural para tomar algunas fotografías en el Centro Histórico. Fue entonces cuando, bajando un poco la voz, me dijo lo siguiente, o algo muy parecido: “Mira, el Centro Histórico es una maravilla y esconde muchos lugares que hay que visitar. La mayoría de esos sitios puedes encontrarlos en las guías turísticas, como el Palacio Postal, el Museo Nacional de Arte, el Café de Tacuba, La Casa de los Azulejos, el Museo de la Estampa o el Franz Mayer, entre muchos más. Pero el Centro Histórico, he podido descubrir en mis largas caminatas, encierra un verdadero misterio”. Fue entonces cuando hizo una breve pausa para despedirse de algunos colegas y estudiantes.

Panorama Palacio de Minería Bis
Palacio de Minería, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. / 2018.

Cúpula Palacio de Minería
Cúpula del Palacio de Minería, ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. /2018.

El Caballito
“El Caballito”, escultura de Carlos IV, de Miguel Tolsá. Centro Histórico de la Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. / 2018.

Y prosiguió: “No sé exactamente a qué se deba, pero algunas veces de forma inesperada encuentras ciertas anomalías – Luis enfatizó la palabra “anomalías” con un gesto bastante anómalo que me sacó de onda momentáneamente . Son anomalías, prosiguió, en el paisaje urbano de este sector de la ciudad. Si vas distraído en tus pensamientos es posible que ni te des cuenta, porque suelen mostrarse de manera muy sutil. Pero si vas con los sentidos muy atentos no tendrás ningún problema. No tengo una explicación, pero sí tengo la intuición de que tiene que ver con una especie de algoritmo o algo así, que depende de cuántas veces dobles las esquinas a la derecha y cuántas a la izquierda, en secuencias que contengan como múltiplo al número áureo phi, siempre y cuando se siga un plano tangencial de la figura fractal más próxima al eje de rotación”. Me quedé viendo la magnífica cúpula del Palacio de Minería como si allí pudiera encontrar alguna pista de lo que acababa de escuchar. Como no la encontré, me limite a contestar que procuraría estar atento, siempre y cuando ningún perro callejero me distrajera. Luis se limitó a encogerse de hombros y decir “Chao”, mientras se encaminaba apresuradamente a la escalera más próxima. Pude notar que iba silvando el tercer movimiento de la décima sinfonía de Mahler (allegretto moderato). Nada mal para no llevar la partitura encima.

Palacio Postal
Escaleras del Palacio Postal, Centro Histórico de la CDMX. © Arturo Guillaumín T. /2018.

Palacio de Bellas Artes
Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. /2018.

A decir verdad, me desentendí de las apreciaciones de Porter respecto a las supuestas anomalías. Así que torcí a la derecha y a la izquierda según se me antojara en el momento. Fue en ese azaroso deambular que llegué a una esquina del Centro Histórico donde a finales del siglo XIX había una joyería que se llamaba “La Esmeralda”. Ya no hay ni rastro de esa joyería de lujo, excepto que al edificio se le quedó ese nombre. En la planta baja está ocupada por una tienda de discos y en la planta superior hay un lugar muy interesante, aunque puede pasar desapercibido si uno lleva la mirada clavada al nivel de la acera: el Museo del Estanquillo. Hay que entrar por un estrecho y no muy atractivo pasillo que conduce a un pequeño elevador que debe tener una capacidad máxima para cargar 2.5 personas. Es mejor no llevar prisa, pues el elevador se toma su tiempo para cubrir los cinco metros y medio que separan la planta baja y la primera. Pero la subida vale la pena. El Museo alberga varias colecciones del escritor Carlos Monsiváis (Ciudad de México: 1938-2010), que fue enriqueciendo a lo largo de 30 años: fotografía, carteles, miniaturas, juguetes, dibujos y caricaturas, grabados.  Monsiváis visitaba los fines de semana lugares como La Lagunilla y la Plaza San Ángel para comprar los objetos más disímiles (de ahí el nombre del Museo) y llegar a juntar alrededor de 12 000, todos relacionados con la cultura popular mexicana (su debilidad por el mundo de las luchas y de los luchadores es muy conocida). Según veo en una placa, este lugar se encuentra en la calle de Isabel La Católica número 26.

Museo del Estanquillo
Museo del Estanquillo, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. / 2018.

Ofrenda de muertos miniatura
Ofrenda de muertos miniatura (¡con gato!), Museo del Estanquillo, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. / 2018.

Marionetas
Marionetas, Museo del Estanquillo, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. /2018.

Bendición de los animales
Bendición de los animales, Museo del Estanquillo, CDMX. © Arturo Guillaumín T. / 2018.

Panorama Interior La Profesa
Templo San Felipe Neri (La Profesa), Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. /2018.

Edificio Inexistente 04
Edificio inexistente. Centro histórico de la CDMX. © Arturo Guillaumín T. / 2018.

No fue hasta el momento de editar las fotografías que había tomado en el Centro Histórico de la CDMX que pude descubrir la extraña fachada de un edificio, como se puede apreciar en la fotografía de arriba. Basta observar cómo las líneas que debieran ser verticales ahora toman direcciones divergentes, o convergentes, según se mire. Nada que ver con los estilos arquitectónicos de los edificios aledaños. Después de investigar un poco, descubro que se trata del Edificio París, situado en el número 32 de la calle de 5 de Mayo, esquina con Motolinía. Fue construido en 1907 y en su interior alguna vez albergó un cine. Es un emblema del porfirismo afrancesado y de estilo ecléctico. Bueno, al menos cuando no decide convertirse en una anomalía de las que me advertía Luis.

Vivian Maier, la niñera misteriosa

La gente creía que era francesa, pero nació en Nueva York el 1 de febrero de 1926. Le gustaba que la llamaran Vivian, Viv o “señorita Meyer”. Murió a los 83 años de edad en Chicago, el 21 de abril de 2009, sumida en la pobreza y sola. Sus padres eran judíos refugiados en los Estados Unidos: su madre de origen francés y su padre de nacionalidad austríaca. Vivian Meier trabajó como niñera durante cuatro décadas en Nueva York y Chicago, principalmente en esta última ciudad y, al mismo tiempo, ejerció con extraordinaria vehemencia una afición por la que hoy es conocida en todo el mundo: la fotografía.

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Vivian Maier. Canadá, sin fecha.

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Vivian Maier. Sin título, 1954.

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Vivian Maier. Nueva York, sin fecha.

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Vivian Maier. Chicago, 1956.

Aparentemente, jamás buscó reconocimiento alguno por esta pasión: nunca mostró sus fotos a nadie. Miles de negativos fueron celosamente guardados sin revelar. ¿Para qué o para quién fotografiaba? Su vida en realidad es todo un misterio, pues era más bien una mujer muy retraída, sin vida social y amistades con quienes se viera regularmente (o al menos eso parece) y nunca se casó. Existen aún enormes vacíos  sobre su vida. Pero esto está cambiando, gracias a la labor de investigación que desde 2007 John Maloof está realizando. Se trata de un joven afortunado que compró un montón de negativos viejos en una subasta (por 380 dólares), sin saber a quien habían pertenecido. Con 150 mil negativos de Vivian Maier sin imprimir y viendo el valor artístico de sus fotos, Maloof solicitó ayuda a algunos museos de renombre, como el Museum of Modern Art (MoMa), de Nueva York, para curarlas. Ninguno aceptó y fue cuando decidió convertirse en curador de su obra él mismo. Ha realizado exposiciones, escribió un libro y dirigió un documental sobre ella: Finding Vivian Maier. Gracias a él hoy podemos disfrutar de su extraordinario arte.

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Vivian Maier. Auto-retrato sin fecha.

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Vivian Maier. Auto-retrato, 1955.

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Vivian Maier. Auto-retrato, sin fecha.

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Vivian Maier. Auto-retrato, 1955.

El dueño de galerías de arte Howard Greenberg, quien se unió a John Maloof para difundir la obra de Vivian Maier, dice: “Durante su vida fotografió compulsivamente y dejó unos 150.000 negativos y diapositivas. En mi experiencia, y en la de otros historiadores de la fotografía, no hay ningún otro fotógrafo que haya trabajado de forma tan exhaustiva sin compartir, o sin necesidad de compartir, tal corpus con el público. Por supuesto, esto está relacionado con la peculiar psicología de una persona a la que nunca podremos conocer. Es un enigma”. Afortunadamente, no sólo Maloof sino también otras personas interesadas en resolver la misteriosa vida de la niñera, han venido descubriendo poco a poco nuevas piezas sueltas de este complejo rompecabezas.

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Vivian Maier. Chicago, octubre de 1976.

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Vivian Maier. Sin título, 1956.

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Vivian Maier. Sin título, 1979.

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Vivian Maier. Sin título, 1980.

Algunos de los niños que Maier cuidaba, hoy ya adultos, recuerdan a su nana dando largos paseos por Chicago, con su cámara Rolleiflex colgando a la altura de la cintura. Ella era una mujer muy alta, de aproximadamente 1.80 metros. Su cámara de formato medio, de 6 x 6, tiene un visor situado en la parte superior, lo que le permitía tomar fotos a las personas de forma desapecibida. Sin embargo, muchos de sus retratos callejeros evidencian que ella se sentía cómoda acercándose a sus sujetos y haciendo que miraran directamente a la lente. Fotografiaba lo mismo gente pobre, pordioseros y borrachos tirados en la acera, que de la alta sociedad, luciendo joyas, zapatos caros y ropa exclusiva. Sus auto-retratos se distinguen porque en la mayoría de ellos su figura aparece reflejada en diversas superficies o proyectada su sombra por el sol.

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Vivian Maier. Audrey Hepburn, Chicago, 1964.

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Vivian Maier. Nueva York, 1954.

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Vivian Maier. Nueva York, 1954.

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Vivian Maier. Chicago, 1962.

Como la mayoría de las cosas en la vida, me topé por pura suerte con la obra de Vivian Maier en Internet hace un par de años. Entonces pensé en escribir una entrada sobre esta misteriosa nanny, pero fue hasta hace un par de días que me acordé de ella y de las notas que había escrito sobre ella. Hay dos sitios en la red que deben visitarse para saber más sobre esta extraordinaria fotógrafa: 1) donde se encuentran sus obras e información sobre su vida, organizado por John Maloof, su descubridor; 2)  donde se puede ver el documental Finding Vivian Maier, de una hora y 20 minutos, dirigida por el propio Maloof, y producida por Charlie Siskel.

Su obra: http://www.vivianmaier.com/

El documental: https://www.documaniatv.com/biografias/finding-vivian-maier-video_91db5aa3d.html

 

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Vivian Maier. Sin título ni fecha.

 

Voy a dormir

Escuchaba hace rato Radio Dinamarca en Internet, mientras escribía con la computadora. La estación 2  (www.dr.dk/radio/p2/) se dedica principalmente a la música clásica. Como mis conocimientos del danés son nulos, la mayoría de las referencias de la música que transmite me pasan de noche. De vez en cuando reconozco algo que he escuchado antes, como ha sucedido esta vez. Para mi sorpresa, emergieron tres versiones distintas de la canción “Alfonsina y el Mar”: la primera, instrumental con guitarra sola, otra, con una orquesta de cámara y, finalmente, surge la voz inconfundible de Diego El Cigala, en una versión entre tango y flamenco. Esta canción fue compuesta por el pianista Ariel Ramírez y el escritor Félix Luna, ambos argentinos, y hace honor a la poetisa suiza-argentina Alfonsina Storni, quien se suicidó arrojándose al mar en 1938. Esta es la letra.

Alfonsina y el Mar

Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda
Un sendero solo de penas mudas llegó
Hasta la espuma
Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada en el canto
De las caracolas marinas
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
La caracola
Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar
Cinco sirenitas te llevarán
Por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos harán
Una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
Pronto a tu lado
Bájame la lámpara un poco más
Déjame que duerma nodriza, en paz
Y si llama él no le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve
Y si llama él no le digas nunca que estoy
Di que me he ido
Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar

 

Alfonsina Storni.

Alfonsina Storni se arrojó a una escollera de Mar del Plata el 25 de octubre de 1938, agobiada por la enfermedad, a la edad de 46 años. Dejó en una carta dirigida al periódico La Nación su último poema de despedida: “Voy a dormir”.
Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

Una emocionante sorpresa surgió en medio de la noche en la radio danesa. Me pregunto a quién se refiere Alfonsina Storni en la última estrofa de su despedida.

 

Arte Africano en Medio de un Bosque

La fotografía de abajo fue tomada por el fotógrafo Mark Shaw en 1955. En ella aparecen Pablo Picasso y la modelo Bettina Graziani. En el estudio se pueden apreciar varias pinturas del pintor, pero también una gran cantidad de objetos colgados y amontonados sobre mesas y en rincones. Todos son parte de la colección de arte primitivo que Picasso comenzó a coleccionar desde joven. Escribió en una carta a su amigo Apollinaire: “Mis mayores emociones artísticas las sentí cuando se me apareció, de repente, la sublime belleza de las esculturas realizadas por artistas anónimos de África. Esas obras son lo más bello que la imaginación humana haya producido”. Por cierto, Picasso y Apollinaire fueron sospechosos por algún tiempo del robo de la Gioconda del Museo del Louvre, en 1911 (con sobrada razón, pues este par tuvo algunos antecedentes medio turbios relacionados con la desaparición de otros objetos del Museo).

Picasso y Bettina Graziani, en el estudio de La Californie, en Cannes. © Mark Shaw, 1955.

El título de la entrada no es ninguna exageración. La Fundación Louis Vuitton (FLV) se encuentra en medio del Bosque de Boulogne, el cual tiene una extensión de 846 hectáreas. Cuenta con dos lagos (con renta de botes), diversos jardínes e invernaderos, senderos peatonales y para bicicletas, caminos para andar a caballo, áreas para hacer días de campo, juegos para niños, dos hipódromos, museos, varios restaurantes y un teatro. Vamos, como el Bosque de Chapultepec de la ciudad de México, sólo que con 168 hectáreas más… y los hipódromos. La FLV, diseñada por el arquitecto canadiense Frank Gehry, fue abierta al público en 2014. Se puede llegar a pie a este centro cultural, en una caminata pausada de unos 20 minutos desde la estación del metro Les Sablons, o bien tomar un minibús eléctrico que tiene su estación a unos metros del Arco del Triunfo (un euro, si se tiene ya un boleto para algún evento). Pues bien, la Fundación presentó en 2017 la exposición Art/Afrique.

Entrada de la Fundación Louis Vuitton (París). © A. Guillaumín T/2017.

Rosa en el vestíbulo de la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

Estructura exterior de la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

La periodista británica Louisa Buck dijo en un artículo en The Telegraph que puede ser que hoy se hable mucho sobre la globalización del mundo del arte contemporáneo, pero que el arte de África está lamentablemente sub-representado (www.telegraph.co.uk, del 5 de mayo de 2017). Aunque la exposición tiene un título muy abarcador, nos dice, es imposible que dé cuenta del alcance y variedad de un continente que está integrado por 54 países diferentes (debo reconocer que en el ejercicio de recordar el nombre de esos países, sólo logré hacerlo con 16… y algunos de ellos no figuraban en mi repertorio). Muy quisquillosa la señora Buck, pero hay que concederle la razón de que en efecto, se habla poco del arte africano. Habría que agradecer entonces a la FLV el esfuerzo de brindar una pequeña muestra de la riqueza y calidad del arte en este inmenso continente: el tercero en extensión de los seis continentes, con una superficie de 30 257 466 kilómetros cuadrados (20.2 por ciento de la superficie terrestre) y 1 196 millones de habitantes (más o menos).

Después del 11 de septiembre de 2001, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

El Problema del agua, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

Pájaros, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

En la exposición Art/Afrique pudimos apreciar y disfrutar una gran variedad de objetos de arte: máscaras, pinturas, fotografías, murales, instalaciones, cortometrajes, maquetas, esculturas individuales y grupos escultóricos. Todos llenos de ingenio (como las esculturas realizadas con materiales de desecho), en los que se puede expresar lo mismo un gran sentido del humor que una realidad atravesada por enormes problemas sociales y ambientales. Una de las enormes sorpresas, entre muchas, fue descubrir cómo incluso el peinado de las mujeres puede llegar a convertirse en un verdadero arte portátil. Había una pequeña sala en la que se exhibían más de 100 fotografías de mujeres con diferentes peinados. ¿Cómo no admirar la joven con ese peinado tan elaborado? (Ver más abajo)

Esfera elaborada con recipientes de combustible, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

Moto alada, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

Máquina de escribir, exposición Art/Afrique en la FLV. © A. Guillaumín T/2017.

La exposición Art/Afrique en verdad fue extensa y estuvo compuesta por tres colecciones: 1) Colección Pigozzi (Los Iniciados); 2) Colección Être Lá (Estar ahí), de África del Sur; y 3) la Colección de la propia FLV. No pude encontrar la numeralia de los objetos exhibidos, pero eran cientos (nótese la precisión), a los que dedicamos varias horas… ¿cuatro? La esfera metálica (ver arriba) se encontraba en un piso superior y reposaba sola y misteriosa en una pequeña sala rodeada de ventanales. Había una puerta, pero estaba cerrada, y no había ningún letrero que invitara “Pase usted y juegue un rato con la esfera, ruede con ella”. Al fin nos animamos a atravesar la puerta  para ver sus detalles. Nos dimos cuenta que las piezas, recipientes para combustible, estaban perfectamente ensambladas y ninguna había sido pintada para la obra y mantenían  su color original desgastado por el uso. Fue una sensación extraña estar ahí dentro solos con la esfera. ¿La podemos llevar de recuerdito, emulando la pareja Picasso-Apollinaire? Pero el gusto duró poco: a los cinco minutos, la gente, animada por vernos dentro,  comenzó a entrar y en poco tiempo estaba lleno el lugar. Hora de continuar por otras salas.

Dog Sleep Manifesto, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

Infantería con Bestia 01, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

Infantería con Bestia 02, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

El conjunto escultórico “Infantería con Bestia”, de la artista sudafricana Jane Alexander, es realmente impresionante, tanto por el tamaño natural de las piezas como por el número de las esculturas, 29.  Esta inquietante obra fue realizada con fibra de vidrio, pintura al óleo, zapatos y alfombra de lana. La Bestia, supongo, es el perro que parece dar órdenes a este grupo de… ¿ otros perros con forma humana? Como contraparte, las maquetas, como la de Station Vampires (ver más abajo), resultan tan divertidas como interesantes, pues fueron elaboradas con plástico, aluminio, piezas recuperadas de basureros y material eléctrico. El artista Rigobert Nimo, de la Republica del Congo, transformó todos esos materiales en estructuras alucinantes de ciencia-ficción. Sí, las maquetas emitían luces de colores, atrayendo a algunos niños: “¿Puedo pedir unos de estos a Santa Claus?”.

Observador en la exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

Retrato de mujer, exposición Art/Afrique en la FLV. © A. Guillaumín T/2017.

Retrato de mujer joven con peinado muy elaborado, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

El tiempo se fue como agua. No había vigilantes en las salas (o estaban muy bien camuflados como piezas de madera talladas). Nadie que le dijera a uno: “está muy cerca de la obra”, “no se recargue contra la mampara”, “no tome fotos panorámicas”, “no se tire al suelo para  fotografiar las obras”, “no se suba a ese tótem que se puede venir abajo”.  Una museografía extraordinaria, en donde todo fluye de manera natural (sea lo que quiera decir esta frase), y sin mayores indicaciones. Y eso fue lo que hicimos, fluir… hasta que llegó la hora del cierre de la FLV (9 de la noche). Dejamos fuera una serie de experiencias paralelas que incluían música, poesía y literatura, con un catálogo de texto de escritores africanos. Ya será para la próxima. Con mucha luz solar todavía, emprendimos el regreso al metro. Hora de cenar.

Escultura de hombre formada con cabezas y manos, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

Station Vampires, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

Vista de la exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

No soy experto en arte. Más bien muestro mi gran ignorancia en este terreno a la menor provocación. Pero, como habría dicho mi querido amigo Alfredo Gutiérrez (qepd), con saber sorprenderse a tiempo es más que suficiente. Y ya encarrerado quizá me anime a seguir con una próxima entrada sobre Picasso Primitivo, una interesante exposición de este artista en el Museo Quai Branly, dedicado, precisamente, al arte de las culturas tradicionales de todo el mundo.

Autobús eléctrico que lleva a la FLV. © A. Guillaumín T/2017.