De premios, libros, palacios, miniaturas y edificios inexistentes

Veo que mi última publicación tiene fecha del 9 de marzo de 2018. Durante 10 meses he estado alejado de este blog y la única razón dudosamente válida que encuentro es que estuve inmerso en un periodo sabático, escribiendo un libro sobre sustentabilidad. En mi página descubro varios borradores que nunca vieron la luz… o la oscuridad. Así que después de 300 días de ausencia retomo el ejercicio de escritura en este medio. Dedico esta entrada a mi buen amigo Luis Porter Galetar quien, por cierto, obtuvo el Premio ANUIES 2018 por su Trayectoria Profesional en Educación Superior y Contribución a su Desarrollo.

luis porter
Luis Porter, entrevistado por la publicación Al Momento. Copyright Al Momento, 2018.

Y hablando de Luis Porter, el 22 de febrero del año pasado tuve la oportunidad de participar en la presentación de su libro Lecciones a mí  mismo. Vida y universidad. Esto sucedió en el Palacio de Minería de la ciudad de México, a las cinco de la tarde. Se trata de un libro extraordinario que aborda diversos problemas de la universidad pública mexicana. Pero del libro hablaremos en otra entrada con más calma y detalle. Lo que ahora me ocupa es otro asunto. Después de la presentación, la firma de ejemplares por el autor y el desalojo de la sala, los participantes nos despedimos en el pasillo, en medio de ríos de gente que iba a la caza de buenos libros. Le dije a Luis que quería aprovechar que todavía era temprano y  había luz natural para tomar algunas fotografías en el Centro Histórico. Fue entonces cuando, bajando un poco la voz, me dijo lo siguiente, o algo muy parecido: “Mira, el Centro Histórico es una maravilla y esconde muchos lugares que hay que visitar. La mayoría de esos sitios puedes encontrarlos en las guías turísticas, como el Palacio Postal, el Museo Nacional de Arte, el Café de Tacuba, La Casa de los Azulejos, el Museo de la Estampa o el Franz Mayer, entre muchos más. Pero el Centro Histórico, he podido descubrir en mis largas caminatas, encierra un verdadero misterio”. Fue entonces cuando hizo una breve pausa para despedirse de algunos colegas y estudiantes.

Panorama Palacio de Minería Bis
Palacio de Minería, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. / 2018.
Cúpula Palacio de Minería
Cúpula del Palacio de Minería, ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. /2018.
El Caballito
“El Caballito”, escultura de Carlos IV, de Miguel Tolsá. Centro Histórico de la Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. / 2018.

Y prosiguió: “No sé exactamente a qué se deba, pero algunas veces de forma inesperada encuentras ciertas anomalías – Luis enfatizó la palabra “anomalías” con un gesto bastante anómalo que me sacó de onda momentáneamente . Son anomalías, prosiguió, en el paisaje urbano de este sector de la ciudad. Si vas distraído en tus pensamientos es posible que ni te des cuenta, porque suelen mostrarse de manera muy sutil. Pero si vas con los sentidos muy atentos no tendrás ningún problema. No tengo una explicación, pero sí tengo la intuición de que tiene que ver con una especie de algoritmo o algo así, que depende de cuántas veces dobles las esquinas a la derecha y cuántas a la izquierda, en secuencias que contengan como múltiplo al número áureo phi, siempre y cuando se siga un plano tangencial de la figura fractal más próxima al eje de rotación”. Me quedé viendo la magnífica cúpula del Palacio de Minería como si allí pudiera encontrar alguna pista de lo que acababa de escuchar. Como no la encontré, me limite a contestar que procuraría estar atento, siempre y cuando ningún perro callejero me distrajera. Luis se limitó a encogerse de hombros y decir “Chao”, mientras se encaminaba apresuradamente a la escalera más próxima. Pude notar que iba silvando el tercer movimiento de la décima sinfonía de Mahler (allegretto moderato). Nada mal para no llevar la partitura encima.

Palacio Postal
Escaleras del Palacio Postal, Centro Histórico de la CDMX. © Arturo Guillaumín T. /2018.
Palacio de Bellas Artes
Palacio de Bellas Artes, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. /2018.

A decir verdad, me desentendí de las apreciaciones de Porter respecto a las supuestas anomalías. Así que torcí a la derecha y a la izquierda según se me antojara en el momento. Fue en ese azaroso deambular que llegué a una esquina del Centro Histórico donde a finales del siglo XIX había una joyería que se llamaba “La Esmeralda”. Ya no hay ni rastro de esa joyería de lujo, excepto que al edificio se le quedó ese nombre. En la planta baja está ocupada por una tienda de discos y en la planta superior hay un lugar muy interesante, aunque puede pasar desapercibido si uno lleva la mirada clavada al nivel de la acera: el Museo del Estanquillo. Hay que entrar por un estrecho y no muy atractivo pasillo que conduce a un pequeño elevador que debe tener una capacidad máxima para cargar 2.5 personas. Es mejor no llevar prisa, pues el elevador se toma su tiempo para cubrir los cinco metros y medio que separan la planta baja y la primera. Pero la subida vale la pena. El Museo alberga varias colecciones del escritor Carlos Monsiváis (Ciudad de México: 1938-2010), que fue enriqueciendo a lo largo de 30 años: fotografía, carteles, miniaturas, juguetes, dibujos y caricaturas, grabados.  Monsiváis visitaba los fines de semana lugares como La Lagunilla y la Plaza San Ángel para comprar los objetos más disímiles (de ahí el nombre del Museo) y llegar a juntar alrededor de 12 000, todos relacionados con la cultura popular mexicana (su debilidad por el mundo de las luchas y de los luchadores es muy conocida). Según veo en una placa, este lugar se encuentra en la calle de Isabel La Católica número 26.

Museo del Estanquillo
Museo del Estanquillo, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. / 2018.
Ofrenda de muertos miniatura
Ofrenda de muertos miniatura (¡con gato!), Museo del Estanquillo, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. / 2018.
Marionetas
Marionetas, Museo del Estanquillo, Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. /2018.
Bendición de los animales
Bendición de los animales, Museo del Estanquillo, CDMX. © Arturo Guillaumín T. / 2018.
Panorama Interior La Profesa
Templo San Felipe Neri (La Profesa), Ciudad de México. © Arturo Guillaumín T. /2018.
Edificio Inexistente 04
Edificio inexistente. Centro histórico de la CDMX. © Arturo Guillaumín T. / 2018.

No fue hasta el momento de editar las fotografías que había tomado en el Centro Histórico de la CDMX que pude descubrir la extraña fachada de un edificio, como se puede apreciar en la fotografía de arriba. Basta observar cómo las líneas que debieran ser verticales ahora toman direcciones divergentes, o convergentes, según se mire. Nada que ver con los estilos arquitectónicos de los edificios aledaños. Después de investigar un poco, descubro que se trata del Edificio París, situado en el número 32 de la calle de 5 de Mayo, esquina con Motolinía. Fue construido en 1907 y en su interior alguna vez albergó un cine. Es un emblema del porfirismo afrancesado y de estilo ecléctico. Bueno, al menos cuando no decide convertirse en una anomalía de las que me advertía Luis.

One Reply to “De premios, libros, palacios, miniaturas y edificios inexistentes”

  1. Extraordinario recuento histórico de la presentación de el libro titulado “Lecciones a mi Mismo” publicado por la UAM Xochimilco. Se le suma una tour real por el centro histórico con sorpresas óptico-creativas que bien vale la pena observar. Un regreso jugoso al Blog de Arturo Guillaumin, a quien le damos la bienvenida!…

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