De puentes, candados y meseros

Posiblemente los mismos parisinos no sepan cuándo comenzó todo. Al comienzo, la aparición de los candados fue casi imperceptible. Pronto, se dejaron sentir como una declaración multitudinaria al mundo. En una de las ciudades más bellas del planeta, un número creciente de visitantes dejaban pequeños candados unidos a los barandales de los puentes más simbólicos de la ciudad.

Lo que en un principio era un acto discreto y un tanto subversivo, después se volvió un ritual que se realizaba a plena luz del día. Las parejas se retrataban frente a sus candados o grabando el momento cuando tiraban las llaves al río Sena. Son dos los puentes donde se ha concentrado esta actividad: Pont de l’Archevêché (Puente del Arzobispo) y Pont des Arts (Puente de las Artes), ambos cerca de La Cité (exacto, la isla donde comenzó todo).

El Pont des Arts, donde Oliveira frecuentemente se encontraba con La Maga (Lucía), en la célebre nóvela de Julio Cortázar: Rayuela. Allí nos confía: “Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos. Oh Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra”.

En una ocasión, las autoridades municipales, ante lo que para ellas era una actividad vandálica en contra de la integridad arquitectonica del paisaje parisino, cortó los alambres de los barandales para quitar todos los candados. En unas cuantas semanas aparecieron candados de todos los tamaños, formas y colores posibles, multiplicados en forma inusitada. No se volvió a insistir en la medida.

Este curioso ritual expresa la fantasía o deseo del amor eterno, de tener a la otra persona al lado para siempre. Y ciertamente esta práctica ha prendido en otras ciudades como expresión de pasión: Seúl, Budapest, Roma y Tokio. Pero el símbolo del candado como el ideal del amor ha sido cuestionado. Como declaró un mesero de un restaurant cercano, cuando fue cuestionado acerca de esta práctica: “El amor verdadero consiste en querer la libertad del otro, y esto incluye la libertad de dejarnos. El amor no tiene que ver con posesión o propiedad”. Sea lo que sea, nosotros vamos a dejar nuestro candado el verano próximo. Estos meseros.

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