Vivian Maier, la niñera misteriosa

La gente creía que era francesa, pero nació en Nueva York el 1 de febrero de 1926. Le gustaba que la llamaran Vivian, Viv o “señorita Meyer”. Murió a los 83 años de edad en Chicago, el 21 de abril de 2009, sumida en la pobreza y sola. Sus padres eran judíos refugiados en los Estados Unidos: su madre de origen francés y su padre de nacionalidad austríaca. Vivian Meier trabajó como niñera durante cuatro décadas en Nueva York y Chicago, principalmente en esta última ciudad y, al mismo tiempo, ejerció con extraordinaria vehemencia una afición por la que hoy es conocida en todo el mundo: la fotografía.

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Vivian Maier. Canadá, sin fecha.
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Vivian Maier. Sin título, 1954.
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Vivian Maier. Nueva York, sin fecha.
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Vivian Maier. Chicago, 1956.

Aparentemente, jamás buscó reconocimiento alguno por esta pasión: nunca mostró sus fotos a nadie. Miles de negativos fueron celosamente guardados sin revelar. ¿Para qué o para quién fotografiaba? Su vida en realidad es todo un misterio, pues era más bien una mujer muy retraída, sin vida social y amistades con quienes se viera regularmente (o al menos eso parece) y nunca se casó. Existen aún enormes vacíos  sobre su vida. Pero esto está cambiando, gracias a la labor de investigación que desde 2007 John Maloof está realizando. Se trata de un joven afortunado que compró un montón de negativos viejos en una subasta (por 380 dólares), sin saber a quien habían pertenecido. Con 150 mil negativos de Vivian Maier sin imprimir y viendo el valor artístico de sus fotos, Maloof solicitó ayuda a algunos museos de renombre, como el Museum of Modern Art (MoMa), de Nueva York, para curarlas. Ninguno aceptó y fue cuando decidió convertirse en curador de su obra él mismo. Ha realizado exposiciones, escribió un libro y dirigió un documental sobre ella: Finding Vivian Maier. Gracias a él hoy podemos disfrutar de su extraordinario arte.

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Vivian Maier. Auto-retrato sin fecha.
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Vivian Maier. Auto-retrato, 1955.
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Vivian Maier. Auto-retrato, sin fecha.
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Vivian Maier. Auto-retrato, 1955.

El dueño de galerías de arte Howard Greenberg, quien se unió a John Maloof para difundir la obra de Vivian Maier, dice: “Durante su vida fotografió compulsivamente y dejó unos 150.000 negativos y diapositivas. En mi experiencia, y en la de otros historiadores de la fotografía, no hay ningún otro fotógrafo que haya trabajado de forma tan exhaustiva sin compartir, o sin necesidad de compartir, tal corpus con el público. Por supuesto, esto está relacionado con la peculiar psicología de una persona a la que nunca podremos conocer. Es un enigma”. Afortunadamente, no sólo Maloof sino también otras personas interesadas en resolver la misteriosa vida de la niñera, han venido descubriendo poco a poco nuevas piezas sueltas de este complejo rompecabezas.

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Vivian Maier. Chicago, octubre de 1976.
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Vivian Maier. Sin título, 1956.
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Vivian Maier. Sin título, 1979.
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Vivian Maier. Sin título, 1980.

Algunos de los niños que Maier cuidaba, hoy ya adultos, recuerdan a su nana dando largos paseos por Chicago, con su cámara Rolleiflex colgando a la altura de la cintura. Ella era una mujer muy alta, de aproximadamente 1.80 metros. Su cámara de formato medio, de 6 x 6, tiene un visor situado en la parte superior, lo que le permitía tomar fotos a las personas de forma desapecibida. Sin embargo, muchos de sus retratos callejeros evidencian que ella se sentía cómoda acercándose a sus sujetos y haciendo que miraran directamente a la lente. Fotografiaba lo mismo gente pobre, pordioseros y borrachos tirados en la acera, que de la alta sociedad, luciendo joyas, zapatos caros y ropa exclusiva. Sus auto-retratos se distinguen porque en la mayoría de ellos su figura aparece reflejada en diversas superficies o proyectada su sombra por el sol.

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Vivian Maier. Audrey Hepburn, Chicago, 1964.
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Vivian Maier. Nueva York, 1954.
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Vivian Maier. Nueva York, 1954.
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Vivian Maier. Chicago, 1962.

Como la mayoría de las cosas en la vida, me topé por pura suerte con la obra de Vivian Maier en Internet hace un par de años. Entonces pensé en escribir una entrada sobre esta misteriosa nanny, pero fue hasta hace un par de días que me acordé de ella y de las notas que había escrito sobre ella. Hay dos sitios en la red que deben visitarse para saber más sobre esta extraordinaria fotógrafa: 1) donde se encuentran sus obras e información sobre su vida, organizado por John Maloof, su descubridor; 2)  donde se puede ver el documental Finding Vivian Maier, de una hora y 20 minutos, dirigida por el propio Maloof, y producida por Charlie Siskel.

Su obra: http://www.vivianmaier.com/

El documental: https://www.documaniatv.com/biografias/finding-vivian-maier-video_91db5aa3d.html

 

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Vivian Maier. Sin título ni fecha.

 

Voy a dormir

Escuchaba hace rato Radio Dinamarca en Internet, mientras escribía con la computadora. La estación 2  (www.dr.dk/radio/p2/) se dedica principalmente a la música clásica. Como mis conocimientos del danés son nulos, la mayoría de las referencias de la música que transmite me pasan de noche. De vez en cuando reconozco algo que he escuchado antes, como ha sucedido esta vez. Para mi sorpresa, emergieron tres versiones distintas de la canción “Alfonsina y el Mar”: la primera, instrumental con guitarra sola, otra, con una orquesta de cámara y, finalmente, surge la voz inconfundible de Diego El Cigala, en una versión entre tango y flamenco. Esta canción fue compuesta por el pianista Ariel Ramírez y el escritor Félix Luna, ambos argentinos, y hace honor a la poetisa suiza-argentina Alfonsina Storni, quien se suicidó arrojándose al mar en 1938. Esta es la letra.

Alfonsina y el Mar

Por la blanda arena que lame el mar
Su pequeña huella no vuelve más
Un sendero solo de pena y silencio llegó
Hasta el agua profunda
Un sendero solo de penas mudas llegó
Hasta la espuma
Sabe Dios qué angustia te acompañó
Qué dolores viejos calló tu voz
Para recostarte arrullada en el canto
De las caracolas marinas
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
La caracola
Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar
Cinco sirenitas te llevarán
Por caminos de algas y de coral
Y fosforescentes caballos marinos harán
Una ronda a tu lado
Y los habitantes del agua van a jugar
Pronto a tu lado
Bájame la lámpara un poco más
Déjame que duerma nodriza, en paz
Y si llama él no le digas que estoy
Dile que Alfonsina no vuelve
Y si llama él no le digas nunca que estoy
Di que me he ido
Te vas Alfonsina con tu soledad
¿Qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
Te requiebra el alma y la está llevando
Y te vas hacia allá como en sueños
Dormida, Alfonsina, vestida de mar

 

Alfonsina Storni.
Alfonsina Storni se arrojó a una escollera de Mar del Plata el 25 de octubre de 1938, agobiada por la enfermedad, a la edad de 46 años. Dejó en una carta dirigida al periódico La Nación su último poema de despedida: “Voy a dormir”.
Voy a dormir

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

Una emocionante sorpresa surgió en medio de la noche en la radio danesa. Me pregunto a quién se refiere Alfonsina Storni en la última estrofa de su despedida.