Un eBook muy interesante (por decir lo menos)

En el 2010, cinco compañeras y yo publicamos un libro: Una educación emergente para la era planetaria. Se trata de un texto escrito a doce manos (¿o debieran ser seis?) en el que abordamos una manera distinta de contextualizar la educación. Se trata de un viaje que nos lleva al origen del universo, la evolución de nuestro planeta y la breve historia humana. Esta mirada nos revela que el llamado problema de la educación es de escala civilizacional, al tiempo que nos muestra la pobreza de las intenciones humanas en un mundo finito, sensible e inteligente.

Nuestro libro colectivo.

El libro constituye un esfuerzo integrador y transdisciplinario que abreva lo mismo de la biología y la cosmología que de la teoría del caos y el pensamiento complejo. Su propósito es encontrar pistas de una nueva noción de desarrollo para la especie humana. Se avanzan ideas sobre aspectos que rompen el orden impuesto por las fronteras disciplinarias: ciencia biosférica, tecnología biomimética, educación coevolutiva, planetarización…

Después de haberlo publicado en versión impresa, ahora ha sido editado y puesto a la venta en forma de eBook. Les recomiendo que lo consigan y lo lean (qué más puedo decir). Les aseguro que este libro les abrirá una nueva visión de lo que somos y de lo que puede ser una nueva educación. Una de las ligas para adquirir esta versión es la siguiente:

www.todoebook.com/UNA-EDUCACION-EMERGENTE-PARA-LA-ERA-PLANETARIA—ARANA-EDITORES-LibroEbook-9786079091033.html

Las moscas (in fraganti)

He aquí el poema “Las moscas” de Antonio Machado, que aparece en la sección “Humorismos, fantasías, apuntes” de su primer libro Soledades. Da un primer plano a un tema que por ser tan familiar no se le brinda el estatus de poético. Aquí el autor nos descubre que no hay nada más poético que las moscas, ya que, como se han posado en todo, evocan “todas las cosas”.

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas.

¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,

—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,

de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,

de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

Quizá lo que le faltó decir a Machado fue que las moscas incluso se posan sobre ellas mismas, lo que hace que su grado poético se eleve a la segunda potencia. ¿O no? Veamos algunas evidencias. Las fotos de abajo fueron tomadas con una Nikon D7000 (18-105 mm). Puede dar “click” sobre ellas para verlas con la lente de aumento. Dé rienda suelta a su espíritu voyeurista.

Las moscas in fraganti I
Las moscas in fraganti II
Las moscas in fraganti III

Un mentor portátil

Me gusta escribir. Pero eso no quiere decir necesariamente que lo haga bien. Sé que es un arte cuyo aprendizaje nunca termina, y que la única manera de mejorar en él es escribir, escribir y escribir (no necesariamente en ese orden) todos los días. Y leer, leer y leer (idem). El placer de la escritura aumenta cuando logramos, de vez en vez, una buena oración, una página interesante, un texto que alguien lee con gusto. Pero uno sabe que hay que trabajar mucho y duro, oración a oración, para avanzar.

Creo ser un buen lector, y la única pista de ello es que me gusta y apasiona leer. Leo una razonable cantidad de libros al año (acabo de escribir esta oración y no sé lo que quise decir con “razonable cantidad”), pero no estoy interesado en los números ni en las estadísticas. Un problema, si es que se puede calificar así, es que entre más me gusta un texto, más tiempo me toma: leo, subrayo, hago notas, releo, nuevas notas, garabateo esquemas, relaciono temas, me hago preguntas, me conecto con el cosmos.

Debo confesar que de 20 libros que leo, apenas uno es de literatura y poesía. Los demás se sitúan en las ciencias naturales y sociales (evolución, complejidad, globalización, educación, medio ambiente, filosofía, tecnología y prácticas sustentables, etc.) y artes ( principalmente fotografía y música). Hay un vacío allí. Estoy conciente del desbalance y de que debo hacer algo al respecto. Pero también es pertinente decir que hay científicos, filósofos y artistas que son excelentes escritores. No sólo eso. En muchos campos, la ciencia cada vez se aproxima más a las artes narrativas y a la poesía. Los extremos (si es que en verdad lo son) se tocan.

Con la idea de mejorar mi escritura y de encontrar “mi propia voz”, compro de vez en cuando algún libro que creo que me va a ayudar a desarrollar algunas estrategias de escritura. Es así como hace un par de días me llegó un paquete de Amazon (librería realmente extraordinaria que hace que valga la pena Internet) con tres libros. Uno de ellos es El mentor portátil del escritor, de Priscilla Long (2010, Wallingford Press). Es un libro para escritores más o menos avanzados, lo cual me hará trabajar mucho más de lo que creía. No pain, no gain. Apenas he leído la introducción y he saltado de una página a otra y ya me atrapó. Los temas se ven fascinantes y los ejercicios desafiantes, válgase la terrible cacofonía.

Entre los muchos temas que veo, he aquí algunos: escribir a diario, las palabras como notas musicales, efectos de sonido, haga una trampa para atrapar palabras, viendo el color, observar el Aqui y Ahora, observando personas, gestos y voces, la artesanía de la oración, el arte del párrafo… ¿No es para atraer la atencion con semejantes contenidos? Abro al azar el libro y leo lo siguiente: “Las palabras concretas son palabras que pueden ser percibidas a través de los sentidos: los ojos, la nariz, la piel, la lengua, los oídos” (p. 25). No se diga más, con el permiso de ustedes, me voy a leer.

Referencia:

Long, Priscilla. (2010). The Writer’s Portable Mentor. A guide to Art, Craft, and the Writing Life. Seattle: Wallingford Press. 250 páginas.

Borges, el inmortal

Hoy se cumplen 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges (1899-1986). Él dijo:

La inmortalidad está en la memoria de los otros y en la obra que dejamos. (…) Sé muchos poemas anglosajones de memoria. Lo único que no sé es el nombre de los poetas. ¿Pero qué importa eso? ¿ Qué importa si yo, al repetir poemas del siglo IX, estoy sintiendo algo que alguien sintió en ese siglo? Él está viviendo en mí en ese momento, yo no soy ese muerto. Cada uno de nosotros es, de algún modo, todos los hombres que han muerto antes. No sólo los de nuestra sangre.

Borges sigue vivo, sin duda.

Paradoja

La vida es paradójica.

La realidad está compuesta por opuestos. Ambos están relacionados de tal manera que afirmar uno es afirmar también su opuesto.

La paradoja de tener es que entre más se tiene, mayor es la insatisfacción de uno.

La paradoja del placer es que el auto-control es precisamente la primera condición del placer. El placer que no tiene restricción se aniquila a sí mismo.

La paradoja de la intimidad es que la distancia es la primera condición de la intimidad. La intimidad en la que no hay distancia se convierte muy pronto en resentimiento o incluso en odio.

La paradoja del placer sexual es que todos los factores que crean el placer sexual y la felicidad sexual se encuentran fuera de la sexualidad.

La paradoja del interés personal es que la única manera de servir al interés propio es servir el interés del otro. Esto equivale a decir que el placer y la felicidad del otro es una condición esencial del placer y la felicidad propios.

La paradoja del ego es que sin el otro, el ego sería inconcebible.

La paradoja del lenguaje es que el silencio es su función más elevada.

Y existe la paradoja de los límites, que consiste en el hecho de que uno llega a ser conciente de sus propios límites sólo transgrediéndolos. No hay manera de que alguien conozca sus límites anticipadamente.

Sobre todo, hay la paradoja de la vida misma, que consiste en el hecho biológico, pero igualmente emocional y espiritual, que es que muriendo la vida es. Una es imposible sin lo otra.

Fuente: The Mahabharata: An Inquiry in the Human Condition, por Chaturvedi Badrinath (2006, Orient Longman). Tomado de Resurgence, julio/agosto de 2010, No. 261, p. 35.

Un libro colectivo

Escribir un libro uno solo ya tiene sus dificultades. Entre dos, la complicación aumenta más que proporcionalmente. Tres autores, no se diga. Pero, ¿seis? Bueno eso fue lo que emprendimos cinco compañeras y yo. Se trata de un ensayo a doce manos que aborda de manera original la educación. Es un viaje que nos lleva a los orígenes del universo, la evolución de nuestro planeta Tierra y la breve historia humana. Esta mirada nos revela que el llamado problema de la educación es de escala civilizacional, al tiempo que nos muestra la pobreza de las intenciones humanas en un mundo finito, sensible e inteligente.

El libro Una educación emergente para la era planetaria es un esfuerzo integrador y transdisciplinario que abreva lo mismo de la cosmología y la biología que de la teoría del caos y el pensamiento complejo. Su propósito es encontrar pistas de una nueva noción de desarrollo para la especie humana. Los seis autores (¿o debiera decir autoras, dada la mayoría de mujeres?) avanzan algunas ideas sobre aspectos que rompen el orden impuesto por las fronteras disciplinarias: ciencia biosférica, tecnología biomimética, planetarización.

El libro se presenta el viernes 6 de mayo, a las 20:00 hrs., en la Galeria de Arte Contemporáneo de Xalapa (Xalapeños Ilustres # 135, Centro Histórico). Los presentadores son los colegas y amigos académicos de la Universidad Veracruzana José Luis Martínez Suárez (escritor) y Abel Juárez Martínez (historiador). Si no tienen algo mejor que hacer, por allá nos vemos. Andrea, Cristina, Reyna, Elba, Laura y yo los estaremos esperando. Habrá suficientes ejemplares para que adquieran el suyo… también habrá bocadillos (por si lo del libro no les atrae lo suficiente).

Deshora

Debo, de nuevo, esta contribución a Jorge Brash. Yo le había enviado un video de la jazzista canadiense Diana Krall, con una versión extraordinaria de “A case of you”, de Joni Mitchell (se puede encontrar en YouTube). Y él me reviró (para usar una expresión del poker) con el poema “Deshora”, del boliviano Eduardo Mitre. Lo reproduzco aquí abajo para que ustedes lo disfruten.

Deshora

Eduardo Mitre (Oruro, Bolivia, 1943)

                                              polvo serán, mas polvo enamorado
Francisco de Quevedo

La cercanía infranqueable entre sus cuerpos.
Un puente de miradas donde se cruzan
y se separan.
En sus labios:
un vaivén de palabras
o de silencios
-no la lenta fragua del beso.
No el hondo goce
ni la dicha tersa
de las desnudeces enlazadas:
sólo el roce eléctrico
de los muslos que se adivinan.
Sólo el asombro de conocerse
en la esquina
de los tardíos encuentros.
Y el sueño donde quizá se poseen
al lado
de otro cuerpo que duerme.
Y el carbón del deseo
que ha de volverse sin duda
puro diamante
al precio de no haber sido nunca
los dos el mismo leño
la húmeda llama
en el lecho
de esta única vida.

De “Líneas de Otoño”, de Eduardo Mitre.

Un vaso de agua fresca

José Saramago, por Pedro Covo.

José Saramago (1922-2010), uno de los escritores más apreciados en el mundo, también era conocido por sus ideas sobre la política y la injusticia. He aquí un par de citas suyas acerca de la honestidad de las palabras.

Yo soy una persona pacífica, sin demagogia ni estrategia. Digo exactamente lo que pienso. Y lo hago en forma sencilla, sin retórica. La gente que se reúne para escucharme sabe que, con independencia de si coincide o no con lo que pienso, soy honesto, que no trato de convencer a nadie. Parece que la honestidad no se usa mucho en los tiempos actuales. Ellos vienen, escuchan y se van contentos como quien tiene necesidad de un vaso de agua fresca y la encuentra allí. Yo no tengo una idea de lo que voy a decir cuando estoy frente a la gente. Pero siempre digo lo que pienso. Nadie podrá decir nunca que le he engañado. La gente tiene necesidad de que le hablen con honestidad.

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José Saramago. En sus palabras

Sé lo que es, sé lo que digo, sé por qué lo digo y preveo, normalmente, las consecuencias de aquello que digo. Pero no lo hago por un deseo gratuito de provocar a la gente o a las instituciones. Puede que se sientan provocadas, pero en ese caso el problema es suyo. Mi pregunta es: por qué tengo que callar cuando sucede algo que merecería un comentario más o menos ácido o más o menos violento. Si fuéramos por ahí diciendo exáctamente lo que pensamos -cuando mereciera la pena-, viviríamos de otra manera. Existe una apatía que parece haberse vuelto congénita y me siento obligado a decir lo que pienso sobre aquello que me parece importante.

Ambas citas las he tomado del libro José Saramago. En sus palabras, editado por Fernando Gómez Aguilera (2010, Alfaguara). Por supuesto, es una invitación a leerlo.

Adiós a Germán Dehesa (1944-2010)

La noticia me tomó por sorpresa. Manejaba a casa y escuchaba en la radio un divertido programa en la “W”. Eran casi las ocho de la noche cuando anunciaron que Germán Dehesa acababa de fallecer, hacía una hora.

Dehesa fue  dramaturgo, escritor, actor, le hacía un poco a la cantada, periodista, locutor, conductor de televisión, daba clases en la UNAM de literatura, impartía talleres de escritura entre jóvenes de todas las edades, era un saboteador profesional de la solemnidad, promovía el arte, denunciaba la estupidez y el abuso del poder…

Escribió varios libros, todos con gran sentido del humor. En 2008 se le otorgó el premio de periodismo Don Quijote, el cual recibió de manos del Rey de España Juan Carlos I. El jurado declaró que en su obra realizó “una síntesis brillante (…) entre el idioma español y el habla popular mexicana, en una combinación imaginativa de las palabras, que demuestra la plasticidad, riqueza y vitalidad de la lengua de Cervantes”.

Pero donde siento que Germán Dehesa se posicionó más cerca de mis afectos fue desde su columna en el periódico Reforma: “El Ángel”. Allí, de lunes a viernes, escribía sobre la vida cotidiana, sus andanzas, sobre cualquier cosa, por más insignificante que pudiera parecer. Pero con su genial mezcla de humor, crítica incisiva y capacidad narrativa, abría siempre la puerta a la reflexión. Siempre nos recordaba lo maravillosa que es la vida, a pesar de todas sus complicaciones.

El 25 de agosto pasado, nos hizo saber a sus lectores que tenía cancer y que sus médicos le daban de vida hasta finales del 2010. Pero se fue antes. Aquí reproduzco su artículo aparecido en Reforma. De acuerdo a su deseo, las cenizas serán esparcidas en Tlacotalpan. Adiós a Germán Dehesa.

El corazón y sus figuraciones

Germán Dehesa
25 Ago. 10

Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar. Como quien dice, mi vida es casi secreta y su único nuevo rasgo que yo detecto es la impaciencia. Así pues, no tiene ningún sentido que me saluden de lejecitos, ni que me saquen la vuelta, ni ninguna patochada de ésas. Nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año. Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020. Si se puede obtener más, ahi lo dejo en manos del gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando. Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y marihuanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón.

Me molesta casi tanto como a ustedes, este tipo de artículos donde tengo que ponerle luto a mis palabras y no sacarlas a pasear para que se asoleen que es lo que a mí más me gusta; pero dibodobadito, tarde o temprano los médicos logran llevarte a sus terrenos y ahí es la de no te entumas y no le saques, manito. Por esas latitudes transito yo en la actualidad. Me entusiasma saber que, gracias al talento de sus madres, mis hijos son gente de bien, con buena orientación en la vida y totalmente a la guapachosa altura de su herencia veracruzana. Todos son estudiosos, trabajadores y con magnífica inteligencia que, donde primero y mejor se muestra es en el buen humor que los cuatro manifiestan, caiga quien caiga.

No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato. Como en el teatro, esto es apenas la primera llamada, primera. Ya sé cómo se las gastan los lectores de por aquí y no me sorprendería que, a la vuelta de unos días, me tope con gente que diga que, el mero día del Bicentenario me voy a suicidar en el Zócalo gritando leperadas en contra de un gobierno y de un sistema que premia cada vez más a la idiotez y no suele ser justo con la inteligencia. No, yo no voy a hacer nada de eso para celebrar o denostar a este sistema del que, por lo demás soy miembro activo y no quiero jamás dar la impresión de que me doy de baja. Lo que sin duda ocurrirá es que el sistema me dé de baja a mí, pero ése ya es otro cantar.

Voy terminando. Este artículo y sólo este artículo. Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos. ¿Entendido?.

Periódico Reforma.

Una presentación de libro

Una de las ventajas de participar en la presentación de un libro es que uno se ve, de alguna manera, en medio de una doble tensión productiva. Por una parte, la oportunidad de leer un texto completamente nuevo, inédito, recién salido del horno. Es como una especie de descubrimiento de un misterio por encargo. Por otra parte, está la limitación de tiempo para leer, anotar, comprender, ensayar alrededor de la lectura, y finalmente tomar una decisión sobre qué hablar en los contados quince minutos disponibles (incluyendo ingeniosos recursos para evitar que el público se duerma o se ponga a chatear con los celulares).

Entrada al diseño. Juventud y universidad, de Luis Porter.

Y es que yo tengo un problema (en realidad no sé si llamarlo problema): entre más me parece interesante un libro, más lenta su lectura. Lo disfruto, lo voy saboreando palabra por palabra, párrafo por párrafo. Se me vienen a la cabeza nuevas ideas y mis neuronas toman extrañas rutas sinápticas. Imagino situaciones improbables. Me conecto con el cosmos, y también con el inframundo. Subrayo, hago anotaciones al margen y, por si fuera poco, me da por elaborar mapas conceptuales (dibujitos, vamos). Y mientras yo vivo mi mundo de diálogo con el texto, la fecha de presentación se viene acercando silenciosa, lenta e inexorablemente.

Los organizadores no se habían comunicado conmigo, hasta hace apenas unos cuantos minutos. Dos meses atrás, sólo me habían dicho que la presentación sería a finales de abril. Y los días pasaban y pasaban, y me hacía la pregunta (con graves implicaciones epistemológicas): ¿a qué se le puede llamar legítimamente “finales de abril”? Este cuestionamiento alcanza altos niveles de urgencia cuando se toma en cuenta que al mes de abril sólo le quedaban unas 36 horas para que concluyera. Pero afortunadamente los propios organizadores me han dado la respuesta precisa: abril puede extenderse hasta el 7 de mayo. Uno aprende algo nuevo todos los días.

En esta ocasión se trata de un libro de Luis Porter: Entrada al Diseño. Juventud y universidad (2009, UAM). Un libro extraordinario, como todos los de Porter. Si bien surge a partir de las vivencias cotidianas del autor con sus estudiantes de diseño en la UAM Xochimilco, el texto trasciende el campo del diseño y la arquitectura. Es un libro que debiera ser leído no sólo por los estudiantes de cualquier carrera, sino también por los profesores y los funcionarios universitarios (ojalá llegara a las manos de la profesora Elba Esther, pero dudo si entendería algo de lo que allí se dice).

Entrada al Diseño habla sobre los estudiantes, no como parte de una borrosa y anónima comunidad llamada universitaria, sino como verdaderos sujetos. Cada uno de ellos con historias, experiencias, saberes y visiones de futuro. Al autor le interesa saber cómo conocerlos, cómo poner en concierto todas esas potencialidades individuales, todos esos mundos que son ocultos o negados por los contenidos, el programa y la productividad académica. La aspiración de Porter es liberar al estudiante de las ataduras que le impiden expresarse con alegría y comodidad en el medio universitario, a contracorriente del orden, la jerarquía y las reglas establecidas.

Porter utiliza la narrativa como método de investigación. Pone en movimiento un conjunto de estrategias para que los estudiantes se expresen, jueguen y, de paso, se conozcan a sí mismos en ese trance de convertirse en universitarios. El autor abreva de muchos autores, entre ellos Edgar Morin, Paulo Freire, John Dewey, Donald Schön y Kieran Egan. Una excelente prosa en la que se articulan el arte, la literatura, la ciencia, la arquitectura, la filosofía y el diseño. 254 páginas sin desperdicio alguno. Así que si no tienen otra cosa más importante que hacer (lo dudo), nos vemos en el auditorio de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Veracruzana (Xalapa). La cita es a las 11 de la mañana del viernes 7 de mayo… finales de abril, pues.