Feliz cumpleaños, Sr. Kavafis

Curiosamente, el poeta Konstandinos Kavafis nació el 29 de abril de 1863 y murió 70 años después, en 1933, en la misma fecha y en la misma ciudad donde nació: Alejandría. Hoy es el aniversario 150 de su nacimiento y el 80 de su muerte. A la muerte de su padre, un comerciante acaudalado, la familia Kavafis se traslada a Inglaterra a vivir, donde Konstandinos se educa y aprende el inglés, idioma que considera su segunda lengua. Regresa a Alejandría siete años después y más tarde tiene abandonarla debido a la intervención inglesa, para irse a refugiar a Estambul, ciudad donde comienza su trabajo poético.

Konstandinos Kavafis.
Konstandinos Kavafis.

Tras el regreso definitivo a Alejandría (ciudad que, a excepción de tres salidas cortas, ya nunca abandonaría hasta su muerte) Constandinos comenzó a trabajar como funcionario de la Tercera Sección de Riegos del Ministerio de Obras Públicas egipcio (donde permanecería treinta años, siempre sin alcanzar un puesto fijo debido a su nacionalidad griega), ocupación que compartiría, durante algún tiempo, con algunas gestiones como corredor de bolsa. A finales de 1932 le diagnosticaron cáncer de laringe. Tras una traqueotomía realizada en el Hospital de la Cruz Roja de Atenas, moriría en Alejandría el 29 de Abril.

Tras su muerte, la reputación de Cavafis se multiplicó a partir de la difusión de su obra en el mundo cultural anglosajón, siendo actualmente considerado el mayor poeta griego moderno.

Manuscrito de un poema.
Manuscrito de un poema.

Quizá el poema más conocido de Kavafis sea “Ítaca”. En este poema, fechado en 1911, Kavafis hace referencia al mítico viaje de Ulises en la Odisea, una de las obras mas importantes del autor griego, Homero. En la Odisea se narra la vuelta del héroe hacia su patria Ítaca, al finalizar la guerra de Troya.  Kavafis proyectó en este poema su visón de la vida, utilizó la leyenda del largo viaje y la asoció con la idea de conseguir los sueños. He aquí este hermoso poema.

ÍTACA

 Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca

pide que tu camino sea largo,

rico en experiencias, en conocimiento.

A Lestrigones y a Cíclopes

o al airado Poseidón nunca temas.

No hallarás tales seres en tu ruta

si alto es tu pensamiento y limpia

la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.

A Lestrigones ni a Cíclopes ni al fiero Poseidón hallarás nunca,

si no los llevas dentro de tu alma,

si no es tu alma quien ante ti los pone.

 

Pide que tu camino sea largo. 

Que numerosas sean las mañanas de verano

en que con placer, felizmente

arribes a bahías nunca vistas;

detente en los mercados de Fenicia

y adquiere hermosas mercancías,

madreperla y coral, ámbar y ébano,

aromas deliciosos y diversos,

cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;

visita muchas ciudades de Egipto

y con avidez aprende de sus sabios.

 

Ten siempre en la memoria a Ítaca. Llegar allí es tu meta.

Mas no apresures el viaje.

Mejor que se extienda largos años

y en tu vejez arribes a la isla

con cuanto hayas ganado en el camino,

sin esperar que Ítaca te enriquezca.

 

Ítaca te regaló un hermoso viaje,

sin ella el camino no hubieras emprendido,

mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, Ítaca no te engañó.

Rico en saber y en vida como has vuelto,

comprendes ya qué significan las Ítacas.

Cuadros de una exposición

He estado aquí por media hora. He fingido leer varias revistas. Es imposible entretenerse con algo. Echo una mirada a los demás. Nadie habla. Nadie mira a nadie. Todos, al igual que yo, simulan leer entretenidamente algo. Tienen sus pensamientos en otra parte. Llega el momento. Una voz me dice “¿Señor Alekhine?” Asiento con la cabeza. Me levanto de mi asiento. Me dirijo al camino conocido. Volteo a ver a las personas que dejo atrás. Inmóviles y calladas. Aparentan no darse cuenta de la inexorable cuenta regresiva. Como si no pasara nada.

Entro a ese pasillo ya familiar. Cuatro metros interminables. Seis segundos infinitos. El mosaico amarillo del piso, viejo y descuidado. El mismo foco fundido pendiente de un cable torcido lleno de telarañas. Las manchas de humedad sobre los muros se suceden como pinturas de una exposición. Mussorgsky de nuevo. Promenade… el Gnomo… el viejo castillo… el Jardín de las Tullerías… la carreta de enormes ruedas… el ballet de los polluelos en sus cascarones… Goldberg regatea de nuevo con Schmuyle… el mercado… las catacumbas… la Bruja Babayaga. Cinco segundos y medio y de nuevo estoy de nueve frente a ella: la Gran Puerta de Kiev. Está abierta. Siempre está abierta. Entro.

Una voz que no escucho me saluda. Tomo asiento. Mis manos sudan. Balbuceo algo que ni yo mismo logro entender. Estoy helado. Levanto la vista hacia el muro de enfrente: busco tranquilidad entre las certificaciones científicas. La misma voz me dice “¿Qué tal calor?” Creo que contesto algo. Me recuesto. Estiro las piernas. Descanso la cabeza sobre la mullida cabecera. Finjo una posición confortable y relajada. 250 watts estallan sobre mi cara. Cierro los ojos. Ese rojo conocido. Un sonido familiar marca el comienzo de todos los horrores.

Gastos fijos

Estuve haciendo cuentas
pues no sé hacer milagros
ni esas cosas que dicen
sabemos las mujeres.

Y ahora que estás lejos me pregunto
si acaso vivir sola
no me cuesta más caro.

-Ángeles Mora (Córdoba, España). En 1989 obtuvo el Premio Rafael Alberti con su libro La Guerra de los Treinta Años, y en el año 2000 el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla por Contradicciones, pájaros. Hay una antología de su obra en ¿Las mujeres son mágicas? (Ayuntamiento de Lucena, 2000). Su último libro se titula Bajo la alfombra (Visor, 2008).

Un eBook muy interesante (por decir lo menos)

En el 2010, cinco compañeras y yo publicamos un libro: Una educación emergente para la era planetaria. Se trata de un texto escrito a doce manos (¿o debieran ser seis?) en el que abordamos una manera distinta de contextualizar la educación. Se trata de un viaje que nos lleva al origen del universo, la evolución de nuestro planeta y la breve historia humana. Esta mirada nos revela que el llamado problema de la educación es de escala civilizacional, al tiempo que nos muestra la pobreza de las intenciones humanas en un mundo finito, sensible e inteligente.

Nuestro libro colectivo.

El libro constituye un esfuerzo integrador y transdisciplinario que abreva lo mismo de la biología y la cosmología que de la teoría del caos y el pensamiento complejo. Su propósito es encontrar pistas de una nueva noción de desarrollo para la especie humana. Se avanzan ideas sobre aspectos que rompen el orden impuesto por las fronteras disciplinarias: ciencia biosférica, tecnología biomimética, educación coevolutiva, planetarización…

Después de haberlo publicado en versión impresa, ahora ha sido editado y puesto a la venta en forma de eBook. Les recomiendo que lo consigan y lo lean (qué más puedo decir). Les aseguro que este libro les abrirá una nueva visión de lo que somos y de lo que puede ser una nueva educación. Una de las ligas para adquirir esta versión es la siguiente:

www.todoebook.com/UNA-EDUCACION-EMERGENTE-PARA-LA-ERA-PLANETARIA—ARANA-EDITORES-LibroEbook-9786079091033.html

Las moscas (in fraganti)

He aquí el poema “Las moscas” de Antonio Machado, que aparece en la sección “Humorismos, fantasías, apuntes” de su primer libro Soledades. Da un primer plano a un tema que por ser tan familiar no se le brinda el estatus de poético. Aquí el autor nos descubre que no hay nada más poético que las moscas, ya que, como se han posado en todo, evocan “todas las cosas”.

Vosotras, las familiares,
inevitables golosas,
vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas.

¡Oh, viejas moscas voraces
como abejas en abril,
viejas moscas pertinaces
sobre mi calva infantil!

¡Moscas del primer hastío
en el salón familiar,
las claras tardes de estío
en que yo empecé a soñar!

Y en la aborrecida escuela,
raudas moscas divertidas,
perseguidas
por amor de lo que vuela,

—que todo es volar—, sonoras
rebotando en los cristales
en los días otoñales…
Moscas de todas las horas,

de infancia y adolescencia,
de mi juventud dorada;
de esta segunda inocencia,
que da en no creer en nada,

de siempre… Moscas vulgares,
que de puro familiares
no tendréis digno cantor:
yo sé que os habéis posado

sobre el juguete encantado,
sobre el librote cerrado,
sobre la carta de amor,
sobre los párpados yertos
de los muertos.

Inevitables golosas,
que ni labráis como abejas,
ni brilláis cual mariposas;
pequeñitas, revoltosas,
vosotras, amigas viejas,
me evocáis todas las cosas.

Quizá lo que le faltó decir a Machado fue que las moscas incluso se posan sobre ellas mismas, lo que hace que su grado poético se eleve a la segunda potencia. ¿O no? Veamos algunas evidencias. Las fotos de abajo fueron tomadas con una Nikon D7000 (18-105 mm). Puede dar “click” sobre ellas para verlas con la lente de aumento. Dé rienda suelta a su espíritu voyeurista.

Las moscas in fraganti I
Las moscas in fraganti II
Las moscas in fraganti III

Un mentor portátil

Me gusta escribir. Pero eso no quiere decir necesariamente que lo haga bien. Sé que es un arte cuyo aprendizaje nunca termina, y que la única manera de mejorar en él es escribir, escribir y escribir (no necesariamente en ese orden) todos los días. Y leer, leer y leer (idem). El placer de la escritura aumenta cuando logramos, de vez en vez, una buena oración, una página interesante, un texto que alguien lee con gusto. Pero uno sabe que hay que trabajar mucho y duro, oración a oración, para avanzar.

Creo ser un buen lector, y la única pista de ello es que me gusta y apasiona leer. Leo una razonable cantidad de libros al año (acabo de escribir esta oración y no sé lo que quise decir con “razonable cantidad”), pero no estoy interesado en los números ni en las estadísticas. Un problema, si es que se puede calificar así, es que entre más me gusta un texto, más tiempo me toma: leo, subrayo, hago notas, releo, nuevas notas, garabateo esquemas, relaciono temas, me hago preguntas, me conecto con el cosmos.

Debo confesar que de 20 libros que leo, apenas uno es de literatura y poesía. Los demás se sitúan en las ciencias naturales y sociales (evolución, complejidad, globalización, educación, medio ambiente, filosofía, tecnología y prácticas sustentables, etc.) y artes ( principalmente fotografía y música). Hay un vacío allí. Estoy conciente del desbalance y de que debo hacer algo al respecto. Pero también es pertinente decir que hay científicos, filósofos y artistas que son excelentes escritores. No sólo eso. En muchos campos, la ciencia cada vez se aproxima más a las artes narrativas y a la poesía. Los extremos (si es que en verdad lo son) se tocan.

Con la idea de mejorar mi escritura y de encontrar “mi propia voz”, compro de vez en cuando algún libro que creo que me va a ayudar a desarrollar algunas estrategias de escritura. Es así como hace un par de días me llegó un paquete de Amazon (librería realmente extraordinaria que hace que valga la pena Internet) con tres libros. Uno de ellos es El mentor portátil del escritor, de Priscilla Long (2010, Wallingford Press). Es un libro para escritores más o menos avanzados, lo cual me hará trabajar mucho más de lo que creía. No pain, no gain. Apenas he leído la introducción y he saltado de una página a otra y ya me atrapó. Los temas se ven fascinantes y los ejercicios desafiantes, válgase la terrible cacofonía.

Entre los muchos temas que veo, he aquí algunos: escribir a diario, las palabras como notas musicales, efectos de sonido, haga una trampa para atrapar palabras, viendo el color, observar el Aqui y Ahora, observando personas, gestos y voces, la artesanía de la oración, el arte del párrafo… ¿No es para atraer la atencion con semejantes contenidos? Abro al azar el libro y leo lo siguiente: “Las palabras concretas son palabras que pueden ser percibidas a través de los sentidos: los ojos, la nariz, la piel, la lengua, los oídos” (p. 25). No se diga más, con el permiso de ustedes, me voy a leer.

Referencia:

Long, Priscilla. (2010). The Writer’s Portable Mentor. A guide to Art, Craft, and the Writing Life. Seattle: Wallingford Press. 250 páginas.

Borges, el inmortal

Hoy se cumplen 25 años de la muerte de Jorge Luis Borges (1899-1986). Él dijo:

La inmortalidad está en la memoria de los otros y en la obra que dejamos. (…) Sé muchos poemas anglosajones de memoria. Lo único que no sé es el nombre de los poetas. ¿Pero qué importa eso? ¿ Qué importa si yo, al repetir poemas del siglo IX, estoy sintiendo algo que alguien sintió en ese siglo? Él está viviendo en mí en ese momento, yo no soy ese muerto. Cada uno de nosotros es, de algún modo, todos los hombres que han muerto antes. No sólo los de nuestra sangre.

Borges sigue vivo, sin duda.