Un vaso de agua fresca

José Saramago, por Pedro Covo.

José Saramago (1922-2010), uno de los escritores más apreciados en el mundo, también era conocido por sus ideas sobre la política y la injusticia. He aquí un par de citas suyas acerca de la honestidad de las palabras.

Yo soy una persona pacífica, sin demagogia ni estrategia. Digo exactamente lo que pienso. Y lo hago en forma sencilla, sin retórica. La gente que se reúne para escucharme sabe que, con independencia de si coincide o no con lo que pienso, soy honesto, que no trato de convencer a nadie. Parece que la honestidad no se usa mucho en los tiempos actuales. Ellos vienen, escuchan y se van contentos como quien tiene necesidad de un vaso de agua fresca y la encuentra allí. Yo no tengo una idea de lo que voy a decir cuando estoy frente a la gente. Pero siempre digo lo que pienso. Nadie podrá decir nunca que le he engañado. La gente tiene necesidad de que le hablen con honestidad.

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José Saramago. En sus palabras

Sé lo que es, sé lo que digo, sé por qué lo digo y preveo, normalmente, las consecuencias de aquello que digo. Pero no lo hago por un deseo gratuito de provocar a la gente o a las instituciones. Puede que se sientan provocadas, pero en ese caso el problema es suyo. Mi pregunta es: por qué tengo que callar cuando sucede algo que merecería un comentario más o menos ácido o más o menos violento. Si fuéramos por ahí diciendo exáctamente lo que pensamos -cuando mereciera la pena-, viviríamos de otra manera. Existe una apatía que parece haberse vuelto congénita y me siento obligado a decir lo que pienso sobre aquello que me parece importante.

Ambas citas las he tomado del libro José Saramago. En sus palabras, editado por Fernando Gómez Aguilera (2010, Alfaguara). Por supuesto, es una invitación a leerlo.

Adiós a Germán Dehesa (1944-2010)

La noticia me tomó por sorpresa. Manejaba a casa y escuchaba en la radio un divertido programa en la “W”. Eran casi las ocho de la noche cuando anunciaron que Germán Dehesa acababa de fallecer, hacía una hora.

Dehesa fue  dramaturgo, escritor, actor, le hacía un poco a la cantada, periodista, locutor, conductor de televisión, daba clases en la UNAM de literatura, impartía talleres de escritura entre jóvenes de todas las edades, era un saboteador profesional de la solemnidad, promovía el arte, denunciaba la estupidez y el abuso del poder…

Escribió varios libros, todos con gran sentido del humor. En 2008 se le otorgó el premio de periodismo Don Quijote, el cual recibió de manos del Rey de España Juan Carlos I. El jurado declaró que en su obra realizó “una síntesis brillante (…) entre el idioma español y el habla popular mexicana, en una combinación imaginativa de las palabras, que demuestra la plasticidad, riqueza y vitalidad de la lengua de Cervantes”.

Pero donde siento que Germán Dehesa se posicionó más cerca de mis afectos fue desde su columna en el periódico Reforma: “El Ángel”. Allí, de lunes a viernes, escribía sobre la vida cotidiana, sus andanzas, sobre cualquier cosa, por más insignificante que pudiera parecer. Pero con su genial mezcla de humor, crítica incisiva y capacidad narrativa, abría siempre la puerta a la reflexión. Siempre nos recordaba lo maravillosa que es la vida, a pesar de todas sus complicaciones.

El 25 de agosto pasado, nos hizo saber a sus lectores que tenía cancer y que sus médicos le daban de vida hasta finales del 2010. Pero se fue antes. Aquí reproduzco su artículo aparecido en Reforma. De acuerdo a su deseo, las cenizas serán esparcidas en Tlacotalpan. Adiós a Germán Dehesa.

El corazón y sus figuraciones

Germán Dehesa
25 Ago. 10

Creo que no les he contado que estoy enfermo, seriamente enfermo. Tengo cáncer, pero hasta ahora la enfermedad no me ha producido ningún dolor insoportable. Trato de vivir sobre las puntitas de los pies, pues en mis delirios, imagino que si casi no hago ruido, la enfermedad no se va a percatar de mi presencia y me permita colarme a la vida que es a donde me gusta estar. Como quien dice, mi vida es casi secreta y su único nuevo rasgo que yo detecto es la impaciencia. Así pues, no tiene ningún sentido que me saluden de lejecitos, ni que me saquen la vuelta, ni ninguna patochada de ésas. Nadie tiene idea de cuándo será la terminación cronológica de mi vida, pero calcula la ciencia médica que esto ocurrirá hacia los finales de este año. Espero distribuir generosamente entre el personal médico billetes de muy alta denominación, de modo que este plazo se vaya ampliando, por lo menos, hasta 2020. Si se puede obtener más, ahi lo dejo en manos del gobierno. Tengo mucha confianza en que nuestra burocracia acuse recibo de la solicitud en 2018, lo cual nos da margen para seguir resollando. Lo que desde ahora les puedo asegurar es que, mientras pueda yo menear la pluma y no comience a decir puros despropósitos y marihuanadas, aquí me tendrán siempre a sus canijas órdenes y a sus pies, si no les rugen, como solía decir la inmortal Borola Tacuche de Burrón.

Me molesta casi tanto como a ustedes, este tipo de artículos donde tengo que ponerle luto a mis palabras y no sacarlas a pasear para que se asoleen que es lo que a mí más me gusta; pero dibodobadito, tarde o temprano los médicos logran llevarte a sus terrenos y ahí es la de no te entumas y no le saques, manito. Por esas latitudes transito yo en la actualidad. Me entusiasma saber que, gracias al talento de sus madres, mis hijos son gente de bien, con buena orientación en la vida y totalmente a la guapachosa altura de su herencia veracruzana. Todos son estudiosos, trabajadores y con magnífica inteligencia que, donde primero y mejor se muestra es en el buen humor que los cuatro manifiestan, caiga quien caiga.

No me estoy despidiendo. Yo espero que falte mucho como para que ocurra algo tan ingrato. Como en el teatro, esto es apenas la primera llamada, primera. Ya sé cómo se las gastan los lectores de por aquí y no me sorprendería que, a la vuelta de unos días, me tope con gente que diga que, el mero día del Bicentenario me voy a suicidar en el Zócalo gritando leperadas en contra de un gobierno y de un sistema que premia cada vez más a la idiotez y no suele ser justo con la inteligencia. No, yo no voy a hacer nada de eso para celebrar o denostar a este sistema del que, por lo demás soy miembro activo y no quiero jamás dar la impresión de que me doy de baja. Lo que sin duda ocurrirá es que el sistema me dé de baja a mí, pero ése ya es otro cantar.

Voy terminando. Este artículo y sólo este artículo. Yo tengo que guardar reposo por algunos días, pero muy pronto volveré a vestir mi uniforme azul y oro y a sembrar el pánico por todas las canchas de la República. Ahí me los encontraré. Mañana nos vemos. ¿Entendido?.

Periódico Reforma.

Una presentación de libro

Una de las ventajas de participar en la presentación de un libro es que uno se ve, de alguna manera, en medio de una doble tensión productiva. Por una parte, la oportunidad de leer un texto completamente nuevo, inédito, recién salido del horno. Es como una especie de descubrimiento de un misterio por encargo. Por otra parte, está la limitación de tiempo para leer, anotar, comprender, ensayar alrededor de la lectura, y finalmente tomar una decisión sobre qué hablar en los contados quince minutos disponibles (incluyendo ingeniosos recursos para evitar que el público se duerma o se ponga a chatear con los celulares).

Entrada al diseño. Juventud y universidad, de Luis Porter.

Y es que yo tengo un problema (en realidad no sé si llamarlo problema): entre más me parece interesante un libro, más lenta su lectura. Lo disfruto, lo voy saboreando palabra por palabra, párrafo por párrafo. Se me vienen a la cabeza nuevas ideas y mis neuronas toman extrañas rutas sinápticas. Imagino situaciones improbables. Me conecto con el cosmos, y también con el inframundo. Subrayo, hago anotaciones al margen y, por si fuera poco, me da por elaborar mapas conceptuales (dibujitos, vamos). Y mientras yo vivo mi mundo de diálogo con el texto, la fecha de presentación se viene acercando silenciosa, lenta e inexorablemente.

Los organizadores no se habían comunicado conmigo, hasta hace apenas unos cuantos minutos. Dos meses atrás, sólo me habían dicho que la presentación sería a finales de abril. Y los días pasaban y pasaban, y me hacía la pregunta (con graves implicaciones epistemológicas): ¿a qué se le puede llamar legítimamente “finales de abril”? Este cuestionamiento alcanza altos niveles de urgencia cuando se toma en cuenta que al mes de abril sólo le quedaban unas 36 horas para que concluyera. Pero afortunadamente los propios organizadores me han dado la respuesta precisa: abril puede extenderse hasta el 7 de mayo. Uno aprende algo nuevo todos los días.

En esta ocasión se trata de un libro de Luis Porter: Entrada al Diseño. Juventud y universidad (2009, UAM). Un libro extraordinario, como todos los de Porter. Si bien surge a partir de las vivencias cotidianas del autor con sus estudiantes de diseño en la UAM Xochimilco, el texto trasciende el campo del diseño y la arquitectura. Es un libro que debiera ser leído no sólo por los estudiantes de cualquier carrera, sino también por los profesores y los funcionarios universitarios (ojalá llegara a las manos de la profesora Elba Esther, pero dudo si entendería algo de lo que allí se dice).

Entrada al Diseño habla sobre los estudiantes, no como parte de una borrosa y anónima comunidad llamada universitaria, sino como verdaderos sujetos. Cada uno de ellos con historias, experiencias, saberes y visiones de futuro. Al autor le interesa saber cómo conocerlos, cómo poner en concierto todas esas potencialidades individuales, todos esos mundos que son ocultos o negados por los contenidos, el programa y la productividad académica. La aspiración de Porter es liberar al estudiante de las ataduras que le impiden expresarse con alegría y comodidad en el medio universitario, a contracorriente del orden, la jerarquía y las reglas establecidas.

Porter utiliza la narrativa como método de investigación. Pone en movimiento un conjunto de estrategias para que los estudiantes se expresen, jueguen y, de paso, se conozcan a sí mismos en ese trance de convertirse en universitarios. El autor abreva de muchos autores, entre ellos Edgar Morin, Paulo Freire, John Dewey, Donald Schön y Kieran Egan. Una excelente prosa en la que se articulan el arte, la literatura, la ciencia, la arquitectura, la filosofía y el diseño. 254 páginas sin desperdicio alguno. Así que si no tienen otra cosa más importante que hacer (lo dudo), nos vemos en el auditorio de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Veracruzana (Xalapa). La cita es a las 11 de la mañana del viernes 7 de mayo… finales de abril, pues.

El comienzo (una historia de dudosa procedencia)

Hace dos millones y medio de años. Garganta de Olduvai, situada en lo que hoy es Tanzania, África. Son las 5 de la tarde. Hora del té. Hace un calor infernal. El Gran Mamut convoca a toda la población de homínidos a una reunión. Acuden también otros animales que se ven atraídos por tal iniciativa… por el chisme, vamos. Sobre todo porque es la primera vez que se convoca a estos seres que parecen un poco más evolucionados que los demás animales. El Gran Mamut se sitúa en un pequeño promontorio que le sirve de podium. Los homínidos están impacientes. Los animales están a la expectativa.

El Gran Mamut

El Gran Mamut: Yo sé que todos ustedes están muy ocupados, pero lo que les tengo que decir es aún mucho más importante. Trasciende este espacio y esta era. Tiene consecuencias para la vida de este planeta y de todos sus habitantes, incluso en un tiempo tan lejano como dentro de dos millones y medio de años. Pero voy al grano. Quiero decirles que ustedes, hombres y mujeres, son seres complejos que comparten un conjunto de habilidades, inteligencia, valores y actitudes que les ha hecho destacar del resto de los animales. El sexo no importa. Bueno, el sexo sí importa, pero para otras cosas de las que no voy a hablar ahora. Uno sólo tiene que acercarse a sus cuevas por la noche para darse cuenta que el sexo sí importa… perdón… ya me perdí… ¿dónde estaba?

El Arqueopterix: El sexo no importa.

–  El Gran Mamut: Gracias. El sexo no importa cuando se trata de habilidades, inteligencia, valores y actitudes. Ambos son tiernos y duros, caritativos y avaros, sensibles y crueles, artistas y guerreros, racionales e intuitivos. Son sapiens y son demens, ambos. Yo sé que ustedes mismos ya lo saben. Pero, ¿por qué quiero hoy hablar de esto?

– El Diplodocus: ¿Quiere advertirnos sobre el futuro problema del calentamiento global?

– El Gran Mamut: ¡No seas baboso! Ese es otro tema muy distinto. Nada que ver con esto. Además, mi pregunta era una pregunta retórica.

– El Diplodocus: ¿Retórica? ¿Es una nueva edad geológica?

– El Gran Mamut: (Moviendo la cabeza y tornando los ojos al cielo con gesto de resignación) He convocado a los homínidos porque a partir de hoy ustedes van a ir dejando de ser seres completos… poco a poco… sin darse cuenta. Esa inteligencia, esas habilidades, esos valores se van a ir fragmentando, separando con el tiempo. Las mujeres asumirán ciertos rasgos de ese ser humano complejo, y los hombres asumirán otros. Esa será como una maldición gitana.

– El Triceratopo: Pero… falta mucho para que haya gitanos sobre la tierra, ¿no?

– El Gran Mamut: Bueno, era sólo una licencia poética. Como les decía… será una maldición para la gran mayoría de ustedes, hombres y mujeres, aunque habrá otros que se volverán famosos y ganarán mucho dinero escribiendo absurdas teorías acerca de esta diferenciación del ser humano. Que el Cosmos, que la mano del muerto.

– Una Mujer Homínido: Pero, Gran Mamut, ¿cómo pueden separarse estas cualidades que como especie compartimos hombres y mujeres?

– El Gran Mamut: Eso es precisamente lo que les voy a explicar ahora mismo. Hasta ahora, hombres y mujeres participan más o menos en todas las tareas necesarias para su sobrevivencia y para acondicionar el mundo que les rodea. Pero ya no será así. La recolección de frutos, raíces y otras yerbas ya se está volviendo una tarea demasiado complicada. Comenzarán a escasear estos alimentos y tendrán que cazar animales…

– Todos los animales presentes: ¡Ohhh!… ¡Ahhh!… (cuchicheos ininteligibles).

– El Gran Mamut: Como les decía, se verán forzados a cazar animales. Y como pueden ver (señalando la enorme variedad de animales congregados) son todos peligrosos, astutos, dotados de gran fuerza, algunos pesan más que 20 de ustedes juntos. Las mujeres, por su condición de madres, tendrán que abstenerse de estas tareas, pues no querrán poner en peligro a los seres que llevan en sus vientres, o a las pequeñas crías que amamantan. Son los hombres los que tendrán que hacerse cargo de estas actividades: salir y cazar, destazar los animales muertos, y llevar el alimento a casa.

– El Tiranosauro Rex: (Haciéndosele agua la boca) ¿Y por qué no acabamos ahorita mismo con esta bola de australopitecus?

– El Gran Mamut: (Dirigiéndole una mirada aniquiladora al T Rex) ¡No seas güey! No vez que esta raza merece sobrevivir, simplemente por hecho de que en un futuro muy lejano van a inventar los hot dogs, el béisbol, y los viajes interplanetarios… ahh… y las tarjetas de crédito. Algo que jamás ninguno de nosotros podría siquiera imaginar.

– El Tiranosauro Rex: ¿Tarjetas… como la American Express?

– El Gran Mamut: Exacto… Bueno, les decía que esta división del trabajo traerá enormes consecuencias físico-psico-socio-antropológicas. Los hombres desarrollarán más su fuerza física, sus músculos crecerán más y los huesos tendrán que ser más grandes para absorber este nuevo peso. Crearán armas cada vez más efectivas y sofisticadas. Las estrategias de acecho y caza requerirán de mucha planeación, coordinación y pensamiento racional. Las mujeres se quedarán en casa cuidando de los hijos, amamantándolos, dándoles calor cuando haga frío y refrescándolos cuando haga calor. Las mujeres, con el tiempo, y tiempo van a tener de sobra estando en casa, van a desarrollar el arte culinario…

– El Pterodáctilo: ¿Culinario?

– El Gran Mamut: No te quieras lucir ahora con tus chistes de mal gusto. Es decir, las mujeres van a desarrollar una destreza extraordinaria para preparar deliciosamente las piezas de caza que proveerán los hombres. De la misma manera, sus habilidades para acondicionar sus hogares se expandirá casi infinitamente: barrer, limpiar, poner visillos en las ventanas, zurcir calcetines, lavar las pieles de los hombres, cuidar el jardín, escribir diarios, planchar, ver telenovelas, etcétera. Mientras, los hombres irán curtiendo su piel y su carácter, pues tendrán que enfrentarse a otras tribus de homínidos que tratarán de invadir sus territorios. Los hombres saldrán a cazar y a pelear, y las mujeres se quedarán en casa cuidando la familia que cada vez será más numerosa. Este proceso de diferenciación de roles se irá profundizando con el tiempo. Al paso de cientos de miles de años todo esto parecerá como si la naturaleza así funcionara: que una parte del cosmos es femenino y otra parte es masculino. Casi puedo imaginar a un inútil asiático inventando el yin y el yang para nombrar estas cualidades.

– El Velocirraptor: Eso suena como a chino… yin yang… yin yang… yin yang…

– El Gran Mamut: (Respirando profundo) La economía, pegada a la  política, se diversificará y se hará más compleja. Cientos de miles de nuevas actividades aparecerán, incluyendo la ciencia y sus especializaciones. Los hombres seguirán haciéndose cargo de casi todas ellas, a excepción de las que están más relacionadas con el cuidado de los niños y las tareas del hogar, como la enseñanza de párvulos o la enfermería. Los hombres saldrán y las mujeres se quedarán en casa. Cada quien pensará que las mujeres son tiernas e intuitivas y los hombres duros y racionales. Que las mujeres son dadoras de vida y los hombres de muerte. Estos roles, estas etiquetas, quedarán profundamente grabadas en las psiques de todos: los hombres no deben llorar pues es signo de debilidad, las mujeres no deben ser competitivas pues su lugar está en la casa. Las relaciones sociales estarán dominadas por esta ideología. Los hombres ejercerán cada vez más su poder y dejarán fuera de la jugada al 51% de la población humana: las mujeres.

– El Dientes de Sable: Estos australopitecus son más efectivos que el PRI… que el PRD… que el PAN…

– El Gran Mamut: Y eso no será todo. Las mujeres se rebelarán en el futuro. Pedirán igualdad de oportunidades para desarrollarse como los hombres. Quemarán sus brassieres, querrán votar, entrar a las universidades y estudiar cualquier carrera, como los hombres. Querrán ocupar puestos directivos y en la política. Se desatará una guerra entre mujeres y hombres. Surgirá un feminismo que pedirá venganza por todos estos dos millones y medio de años de sojuzgamiento. Una corriente de pensamiento pedirá que la nueva sociedad se funde en valores femeninos. Es decir, no se pedirá la restauración de la complejidad de la especie humana, sino la imposición de una visión: ahora la de las mujeres, heridas y maltratadas desde el principio de los tiempos. Pero lo peor no será eso.

– Un Homínido Hombre: Pero ¿es que puede haber algo peor, Gran Mamut?

– El Gran Mamut: Siento decirlo, pero sí. Hay algo realmente espeluznante: aparecerá una mujer terrible que pedirá venganza, derramamiento de sangre. Se hará llamar “Paquita la del Barrio”. Cantará canciones no sólo espantosas e insufribles, sino llenas de mensajes insultantes y violentos contra los hombres. Esto marcará la debacle de la Humanidad. Se cerrarán así las posibilidades de hacer emerger una nueva sociedad fundada en los valores, inteligencia y capacidades de las mujeres y los hombres por igual. Se inventarán jaladas como la de que hay un “orden cósmico” que explica y justifica esta fragmentación terrible. Un discurso políticamente correcto, de lo más jalado, obligará a todos a decir “los chiquillos y las chiquillas”, “los lectores y las lectoras”, “los trabajadores y las trabajadoras”…

– El Arqueopterix: ¡Que bueno que a nosotros nos va exterminar un meteorito marca chamuco y no la tal Paquita la del Barrio!

– El Gran Mamut: Así es. Debemos dar gracias que no pertenecemos a esta especie tan rara de animales.

– El Diplodocus: Bueno Gran Mamut, está interesante todo este discurso, pero ¿tienes alguna propuesta, alguna solución?

– El Gran Mamut: Por supuesto. Mis queridos homínidos: sean siempre vegetarianos estrictos y aprendan a cultivar. No caigan en la tentación de matar animales. Siembren sus alimentos alrededor de sus casas. Así, mujeres y hombres podrán trabajar juntos. Eviten esa terrible fragmentación de la que les he hablado esta tarde. Coman frutas y verduras. En ellas encontrarán una gran variedad de vitaminas, minerales, proteínas, hierro, antioxidantes, como los betacarotenos, omega 13. Aprovechen ahora que todo es orgánico. Luego les va a costar un ojo de la cara, o les van a dar gato por liebre.

– El Conjunto de Australopitecus: ¡Sí, sí, sí! ¡Sí se puede! ¡Sí se puede! ¡Homínidos unidos jamás serán vencidos!

– El Gran Mamut: Veo que los he logrado convencer. ¡Celebremos este acontecimiento histórico… perdón… pre-histórico! ¡Vamos a chupar!

La asamblea se disuelve y pronto se convierte en fiesta y celebración. El licor de helecho gigante fluye con singular alegría. El sol se oculta tras la pared poniente de la Garganta de Olduvai. Son las 21:30 hrs. (hora del centro). Todo indica que el plan del Gran Mamut dio resultado. Él era el indicado para este brillante discurso: tiene una increíble imaginación. ¿A quién más se le podría ocurrir una historia como la de Paquita la del Barrio?

La fiesta termina. Todo mundo se retira a su casa. En una de las cuevas que hay en las paredes de la Garganta de Olduvai, una pareja de homínidos (hombre y mujer) platican sobre lo sucedido:

– ¿Cómo viste al güey ese del mamut?

– Pues medio raro, ¿no? Pura jalada.

– Sí, creo que está delirando.

– Bueno, ya me está dando hambre. ¿Qué tenemos para la cena, gordito?

– Pues sopita de cilantro y papas a la francesa, mi reina.

– ¿Otra vez? Ya me estoy cansando de tanta yerba. Que se me hace que mejor comenzamos a cazar animales, ¿no crees?

– Eso te iba a decir. ¿Te imaginas? Unas brochetas de brontosaurio… unas arracheras de pterodáctilo… unas empanadas rellenas de pierna de T Rex… unas tortas envinadas de mamut…

– Ya párale. Mejor mañana nos echamos nuestro primer animalito. Organizamos a la raza, ¿no?

– ¿No te da miedo eso de la Paquita la del Barrio?

– Cómo crees. Eso es puro cuento. Y si fuera cierto, qué nos importa si eso va a suceder hasta dentro de dos millones y medio de años.

– Tienes razón. Ya apaga la luz.

– Si todavía no hemos descubierto la electricidad.

– Cierto. Se me olvidó. No apagues nada.

Y el silencio reinó de nuevo en la Garganta de Olduvai. Un cielo estrellado cubrió la cuna de la Humanidad.