Nuestras universidades

Me pregunto lo siguiente: si las universidades son instituciones dedicadas a generar y enseñar los mejores conocimientos en todos los campos del saber, ¿por qué no emplean las aportaciones más recientes de las ciencias cognitivas para mejorar continuamente sus propios métodos educativos? Más bien pareciera suceder lo contrario: al tiempo que se adoptan acríticamente discursos y modelos de moda, se siguen reproduciendo las mismas pautas obsoletas del pasado.

Los hallazgos en las ciencias cognitivas indican que el aprendizaje se promueve “en vistas a la autoorganización de la información como aspecto fundamental del desarrollo de los seres humanos” (Gutiérrez y Prado, 2004: 7). Esto significa que de manera no deliberada, no planeada, e incluso no consciente, las personas construyen conocimientos a partir de la interacción con su entorno, en un constante flujo e intercambio de información. Incluso en situaciones turbulentas, nuestro cerebro es capaz de  generar orden a partir del ruido (order from noise).

De la misma manera en que no se puede concebir la vida sin un nicho vital que provea de los nutrientes y energía necesarios, tampoco es posible pensar en el conocimiento sin una ecología cognitiva. Este ambiente es situacionalmente diverso y cambiante, además de ser fuente de disonancias y misterios. Es el aspecto tensional lo que hace que busquemos respuestas a los enigmas y problemas que nos proyecta el entorno. No podemos esperar que los estudiantes aprendan mucho y desarrollen al máximo sus capacidades cerebrales naturales en situaciones repetitivas y en las que juegan roles pasivos como recipientes de información.

En cambio, los sujetos deben ser expuestos a situaciones problemáticas, conflictivas y misteriosas, donde puedan poner en juego su pensamiento crítico y puedan contrastar sus visiones y certezas con las de otros y con aquello que llamamos realidad. En este proceso es importante que se percaten de los efectos de sus acciones y que mediante sucesiones de feedbacks modifiquen sus presupuestos y esquemas mentales. Es decir, que perciban la ecología de la acción en el bucle pensamiento <> acción <> reflexión <> experiencia. En cada ciclo, el conocimiento se efectúa en el lenguaje, que es nuestra manera distintiva de ser humanos y de ser humanamente activos (Maturana y Varela, 1998).

En la universidad, curiosamente, se olvida todo esto (o quizá nunca se ha sabido). También se ignora que las personas son naturalmente transdisciplinarias. Los seres humanos hemos desarrollado, en cientos de miles de años, un cerebro multirrelacional, capaz de conectar los fenómenos más diversos y aparentemente inconexos. El proceso del conocimiento se da de una sola pieza, sin separaciones artificiales entre lo social, lo físico, lo biológico. Pero el sistema educativo se ha encargado de anular eficientemente esta capacidad humana, incluyendo la intuición, esa extraña bestia desterrada de lo científico y lo académico. De esta manera, “uno de los mayores problemas del fracaso escolar reside en la incapacidad de un número cada vez mayor de alumnos para asociar los diferentes conocimientos entre sí y, en consecuencia, para comprender el sentido que se le debiera dar a lo que aprenden” (Mahieu, 2002: 25-26).

En su obsesión por el programa y la nota, la universidad muestra su incapacidad para comprender la existencia de modelos divergentes de conocimiento y para captar los factores afectivos que dinamizan o bloquean los procesos de aprendizaje. La universidad también “se muestra resistente a aceptar que la cognición está cruzada por la pasión […] a tal punto que son las emociones, y no las cadenas argumentales, las que actúan como provocadoras o estabilizadoras de las redes sinápticas, imponiéndonos cierres prematuros o manteniendo una plasticidad resistente a la sedimentación” (Restrepo, 1999: 31). En las universidades, pues, padecemos un analfabetismo afectivo.

El aula, lejos de constituirse en un verdadero ambiente cognitivo, se ha convertido en un espacio cerrado y aislado de su entorno en el que, paradójicamente, se juega a preparar al estudiante para desenvolverse en él. Se ofrece en cambio un mundo administrado en retazos disciplinarios y cerrados, cultivados en parcelas atendidas por facultades, centros y departamentos. Dentro de esta rígida estructura, los “nuevos modelos educativos” no dejan de ser meros arreglos cosméticos que dejan intacto el paradigma simplificador, mecanicista y fragmentador de fondo. Esta fragmentación tiene consecuencias importantes sobre nuestras posibilidades de desarrollo humano. Edgar Morin (2000: 3) advierte:

Existe una falta de adecuación cada vez más grande, profunda y grave entre nuestros saberes discordes, troceados, encasillados en disciplinas, y por otra parte una realidades o problemas cada vez más multidisciplinarios, transversales, multidimensionales, transnacionales, globales y planetarios.

Por otra parte el físico teórico norteamericano y antiguo colaborador de Albert Einstein, David Böhm (2002: 19) nos dice:

[…] la fragmentación está muy extendida por todas partes, no sólo por toda la sociedad, sino también en cada individuo, produciendo una especie de confusión mental generalizada que crea una interminable serie de problemas y que interfiere en la claridad de nuestra percepción tan seriamente que nos impide resolver la mayor parte de ellos.

Es decir, no sólo el mundo, sino también la sociedad y el individuo están fragmentados. El panorama se advierte aún más desolador cuando descubrimos que en las universidades públicas, debajo de una delgada capa de novedades tecnológicas y conceptuales hay una espesa malla de funciones y fuegos pirotécnicos que nada tienen que ver con esa educación del siglo XXI que tanto se pregona a los cuatro vientos. Estamos aún muy distantes de una universidad integradora de saberes, no profesionalizante y humanista. La enseñanza tiene que convertirse en una tarea política, en una construcción de estrategias para la vida, que necesita de la transdisciplina, de la técnica y del arte.

Referencias

Böhm, David. (2002). La totalidad y el orden implicado. Barcelona: Editorial Kairós.

Gutiérrez Pérez, Francisco y Cruz Prado. (2004). Germinando Humanidad. Pedagogía del Aprendizaje. Guatemala: Save the Children Noruega.

Mahieu, Pierre. (2002). Trabajar en equipo. México: Siglo Veintiuno Editores.

Maturana, Humberto y Francisco Varela. (1998). The Tree of Knowledge. The biological roots of human understanding. Boston: Shambala.

Morin, Edgar. (2000). La mente bien ordenada. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento. Barcelona: Seix Barral.

Restrepo, Luis Carlos. (1999). El derecho a la ternura. Santiago de Chile: LOM Ediciones.

Sombras de Tunguska

Durante las últimas semanas, la NASA ha estado proporcionando información sobre nuestro encuentro cercano con el asteroide 2012DA14, que tiene un peso de 130 toneladas y mide unos 50 metros de diámetro. Viaja a una velocidad de 28 100 kilómetros por hora, y está pasando, ¡en estos momentos!, a una velocidad relativa de la Tierra de 7.82 kilómetros por segundo. Lo realmente espeluznante es que el 2012DA14 se encuentra a sólo 27 700 kilómetros de la superficie de nuestro planeta (los satélites de comunicación y meteorológicos están a una altura de 35 800 kilómetros). ¡Gulp!

Recreación del Observatorio Astronómico de Mallorca
Recreación del Observatorio Astronómico de Mallorca

La propia NASA ha repetido cientos de veces que el asteroide en cuestión (ahora temporal fugaz meteorito) NO entraña peligro alguno para la integridad de la Tierra y de la especie humana, que no existe ningún riesgo de colisión. Vamos, todo apunta a que sólo los humanos somos un peligro real para nosotros mismos y para el planeta. La trayectoria del asteroide está bien definida, de acuerdo con precisos cálculos realizados por diversos grupos de científicos. En otras palabras, podemos respirar tranquilos, con toda nuestra confianza depositada en la Ciencia.

Trayectoria del 2012DA14. (C) NASA, Observatorio Astronómico de Mallorca, A. Alonso
Trayectoria del 2012DA14. (C) NASA, Observatorio Astronómico de Mallorca, A. Alonso

No obstante, esta mañana nos desayunamos con una noticia inquietante. La agencia de noticias Russia Today (rt.com) reporta que más de 500 personas han resultado heridas debido a la caída de fragmentos de un meteorito. Esto sucedió esta mañana en la provincia de Cheliábinsk, en la región de los Urales, Rusia. De acuerdo a la Academia de Ciencias rusa, el objeto interestelar ingresó a nuestra atmósfera con una velocidad de 15-20 kilómetros por segundo y estalló a una altura de entre 30 y 50 kilómetros de la superficie terrestre. Los daños materiales y personales se debieron a las ondas expansivas de las explosiones (los videos son en verdad impresionantes).

Video mostrado por la agencia Russia Today.

En un despliegue de extraordinaria agudeza intelectual, el primer ministro ruso, Dmitri Medvedev, quien se encontraba en un foro económico, declaró que la caída del meteorito es una muestra de que «no sólo la economía es vulnerable, también el planeta». ¡Sabiduría pura! Por su parte, los científicos se apresuran a declarar que no existe ninguna relación entre el asteroide 2012DA14 y la explosión del meteorito en Rusia, cosa que no tranquiliza a los rusos (a mí tampoco). A 105 años de distancia, los rusos no han olvidado el «evento de Tunguska»: el 30 de junio de 1908 un objeto explotó (la hipótesis más probable alude a un cometa, pues no se encontraron sus restos) en la atmósfera terrestre con la fuerza de una arma termonuclear de alta potencia, ocasionando destrucción en un área de 2 mil 150 kilómetros cuadrados.

Tunguska
Tunguska

Con la inspiración del compañero Medvedev, podemos decir que no necesitamos de asteroides, cometas  y meteoritos para destruir la Tierra, ni los ecosistemas, ni las sociedades: la economía global se encarga de hacerlo de manera eficiente y racional. En todos nuestros países, en todas nuestras economías y en todas nuestras mentes tenemos instalados nuestros Tunguskas. No son muy espectaculares, pero vaya que son efectivos. Bueno, hay que ver el paso del 2012DA14 en vivo. La NASA transmite en tiempo real desde http://www.nasa.gov/multimedia/nasatv/index.html No olviden las palomitas.