Rendezvous en París II (los libros de viaje)

¿Por dónde comenzar? El sentido común dicta que por el principio. Pero, ¿cuál es el principio? Si se piensa un poco, se puede constatar que no hay una respuesta obvia a esta interrogante. La idea original era escribir en París todos los días. Tener cierto orden, al menos cronológico. Llegar al hotel por la noche y sentarme frente a la computadora y relatar sobre los avatares más sobresalientes del día. No way. Escribir después de la medianoche, tras haber caminado kilómetros de avenidas, parques, jardines, museos, barrios y callejuelas (incluye brasseries, boulangeries, bistros y patisseries), no es precisamente lo más atractivo en un viaje que se presume de placer (y de adquisición de cierta cultura). Llegué a la conclusión que esperaría llegar a casa para ponerme al corriente.

Así que aquí estoy en mi estudio, todavía con algunos efectos del jetlag que han alterado mis horarios de sueño y vigilia. Ya quedó claro algo que no hice durante el viaje: escribir diariamente en mi blog. Pero hay otra cosa que tampoco hice y que era parte de los planes: leer. Me llevé dos libros: Leer la mente. El cerebro y el arte de la ficción, de Jorge Volpi, y Gaia in turmoil. Climate change, biodepletion, and Earth Ethics in an Age of Crisis, de varios autores. En el primero, Volpi sostiene la idea de que la ficción (los cuentos, las novelas) no es una invención humana sin propósito utilitario y sólo con fines de entretenimiento, sino que, por el contrario, es un aspecto esencial para la evolución humana. Sólo leí los dos primeros capítulos. El segundo libro es un conjunto de textos escritos por científicos sobre el estado de crisis ambiental de nuestro planeta Tierra y algunas alternativas. Bueno, sólo fue a pasear como peso muerto en mi maleta.

Además, cuando visité el museo quai Branly (ya escribiré sobre esta maravilla), compré un libro en francés: La Sagesse du Jardinier (La sabiduría del Jardinero), de Gilles Clement. Me llamó la atención el texto de la contraportada: “Todas las instancias, todos los dirigentes, todos los ciudadanos son concientes de lo absurdo del modo de vivir que entraña la economía de mercado. El proyecto humano, conciente o inconciente, se define en unas cuantas palabras: morir en la riqueza.” Nota: cualquier error de mi traducción corre por cuenta del lector. En vista de que mi vocabulario en francés es elemental, de turista despistado, me las tendré que arreglar con un buen diccionario. Hay muchas probabilidades de que el libro que lea no sea el mismo que escribió Monsieur Clement.

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