Arte Africano en Medio de un Bosque

La fotografía de abajo fue tomada por el fotógrafo Mark Shaw en 1955. En ella aparecen Pablo Picasso y la modelo Bettina Graziani. En el estudio se pueden apreciar varias pinturas del pintor, pero también una gran cantidad de objetos colgados y amontonados sobre mesas y en rincones. Todos son parte de la colección de arte primitivo que Picasso comenzó a coleccionar desde joven. Escribió en una carta a su amigo Apollinaire: “Mis mayores emociones artísticas las sentí cuando se me apareció, de repente, la sublime belleza de las esculturas realizadas por artistas anónimos de África. Esas obras son lo más bello que la imaginación humana haya producido”. Por cierto, Picasso y Apollinaire fueron sospechosos por algún tiempo del robo de la Gioconda del Museo del Louvre, en 1911 (con sobrada razón, pues este par tuvo algunos antecedentes medio turbios relacionados con la desaparición de otros objetos del Museo).

Picasso y Bettina Graziani, en el estudio de La Californie, en Cannes. © Mark Shaw, 1955.

El título de la entrada no es ninguna exageración. La Fundación Louis Vuitton (FLV) se encuentra en medio del Bosque de Boulogne, el cual tiene una extensión de 846 hectáreas. Cuenta con dos lagos (con renta de botes), diversos jardínes e invernaderos, senderos peatonales y para bicicletas, caminos para andar a caballo, áreas para hacer días de campo, juegos para niños, dos hipódromos, museos, varios restaurantes y un teatro. Vamos, como el Bosque de Chapultepec de la ciudad de México, sólo que con 168 hectáreas más… y los hipódromos. La FLV, diseñada por el arquitecto canadiense Frank Gehry, fue abierta al público en 2014. Se puede llegar a pie a este centro cultural, en una caminata pausada de unos 20 minutos desde la estación del metro Les Sablons, o bien tomar un minibús eléctrico que tiene su estación a unos metros del Arco del Triunfo (un euro, si se tiene ya un boleto para algún evento). Pues bien, la Fundación presentó en 2017 la exposición Art/Afrique.

Entrada de la Fundación Louis Vuitton (París). © A. Guillaumín T/2017.
Rosa en el vestíbulo de la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Estructura exterior de la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

La periodista británica Louisa Buck dijo en un artículo en The Telegraph que puede ser que hoy se hable mucho sobre la globalización del mundo del arte contemporáneo, pero que el arte de África está lamentablemente sub-representado (www.telegraph.co.uk, del 5 de mayo de 2017). Aunque la exposición tiene un título muy abarcador, nos dice, es imposible que dé cuenta del alcance y variedad de un continente que está integrado por 54 países diferentes (debo reconocer que en el ejercicio de recordar el nombre de esos países, sólo logré hacerlo con 16… y algunos de ellos no figuraban en mi repertorio). Muy quisquillosa la señora Buck, pero hay que concederle la razón de que en efecto, se habla poco del arte africano. Habría que agradecer entonces a la FLV el esfuerzo de brindar una pequeña muestra de la riqueza y calidad del arte en este inmenso continente: el tercero en extensión de los seis continentes, con una superficie de 30 257 466 kilómetros cuadrados (20.2 por ciento de la superficie terrestre) y 1 196 millones de habitantes (más o menos).

Después del 11 de septiembre de 2001, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
El Problema del agua, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Pájaros, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

En la exposición Art/Afrique pudimos apreciar y disfrutar una gran variedad de objetos de arte: máscaras, pinturas, fotografías, murales, instalaciones, cortometrajes, maquetas, esculturas individuales y grupos escultóricos. Todos llenos de ingenio (como las esculturas realizadas con materiales de desecho), en los que se puede expresar lo mismo un gran sentido del humor que una realidad atravesada por enormes problemas sociales y ambientales. Una de las enormes sorpresas, entre muchas, fue descubrir cómo incluso el peinado de las mujeres puede llegar a convertirse en un verdadero arte portátil. Había una pequeña sala en la que se exhibían más de 100 fotografías de mujeres con diferentes peinados. ¿Cómo no admirar la joven con ese peinado tan elaborado? (Ver más abajo)

Esfera elaborada con recipientes de combustible, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Moto alada, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Máquina de escribir, exposición Art/Afrique en la FLV. © A. Guillaumín T/2017.

La exposición Art/Afrique en verdad fue extensa y estuvo compuesta por tres colecciones: 1) Colección Pigozzi (Los Iniciados); 2) Colección Être Lá (Estar ahí), de África del Sur; y 3) la Colección de la propia FLV. No pude encontrar la numeralia de los objetos exhibidos, pero eran cientos (nótese la precisión), a los que dedicamos varias horas… ¿cuatro? La esfera metálica (ver arriba) se encontraba en un piso superior y reposaba sola y misteriosa en una pequeña sala rodeada de ventanales. Había una puerta, pero estaba cerrada, y no había ningún letrero que invitara “Pase usted y juegue un rato con la esfera, ruede con ella”. Al fin nos animamos a atravesar la puerta  para ver sus detalles. Nos dimos cuenta que las piezas, recipientes para combustible, estaban perfectamente ensambladas y ninguna había sido pintada para la obra y mantenían  su color original desgastado por el uso. Fue una sensación extraña estar ahí dentro solos con la esfera. ¿La podemos llevar de recuerdito, emulando la pareja Picasso-Apollinaire? Pero el gusto duró poco: a los cinco minutos, la gente, animada por vernos dentro,  comenzó a entrar y en poco tiempo estaba lleno el lugar. Hora de continuar por otras salas.

Dog Sleep Manifesto, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Infantería con Bestia 01, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Infantería con Bestia 02, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

El conjunto escultórico “Infantería con Bestia”, de la artista sudafricana Jane Alexander, es realmente impresionante, tanto por el tamaño natural de las piezas como por el número de las esculturas, 29.  Esta inquietante obra fue realizada con fibra de vidrio, pintura al óleo, zapatos y alfombra de lana. La Bestia, supongo, es el perro que parece dar órdenes a este grupo de… ¿ otros perros con forma humana? Como contraparte, las maquetas, como la de Station Vampires (ver más abajo), resultan tan divertidas como interesantes, pues fueron elaboradas con plástico, aluminio, piezas recuperadas de basureros y material eléctrico. El artista Rigobert Nimo, de la Republica del Congo, transformó todos esos materiales en estructuras alucinantes de ciencia-ficción. Sí, las maquetas emitían luces de colores, atrayendo a algunos niños: “¿Puedo pedir unos de estos a Santa Claus?”.

Observador en la exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Retrato de mujer, exposición Art/Afrique en la FLV. © A. Guillaumín T/2017.
Retrato de mujer joven con peinado muy elaborado, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

El tiempo se fue como agua. No había vigilantes en las salas (o estaban muy bien camuflados como piezas de madera talladas). Nadie que le dijera a uno: “está muy cerca de la obra”, “no se recargue contra la mampara”, “no tome fotos panorámicas”, “no se tire al suelo para  fotografiar las obras”, “no se suba a ese tótem que se puede venir abajo”.  Una museografía extraordinaria, en donde todo fluye de manera natural (sea lo que quiera decir esta frase), y sin mayores indicaciones. Y eso fue lo que hicimos, fluir… hasta que llegó la hora del cierre de la FLV (9 de la noche). Dejamos fuera una serie de experiencias paralelas que incluían música, poesía y literatura, con un catálogo de texto de escritores africanos. Ya será para la próxima. Con mucha luz solar todavía, emprendimos el regreso al metro. Hora de cenar.

Escultura de hombre formada con cabezas y manos, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Station Vampires, exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.
Vista de la exposición Art/Afrique en la FLV (París). © A. Guillaumín T/2017.

No soy experto en arte. Más bien muestro mi gran ignorancia en este terreno a la menor provocación. Pero, como habría dicho mi querido amigo Alfredo Gutiérrez (qepd), con saber sorprenderse a tiempo es más que suficiente. Y ya encarrerado quizá me anime a seguir con una próxima entrada sobre Picasso Primitivo, una interesante exposición de este artista en el Museo Quai Branly, dedicado, precisamente, al arte de las culturas tradicionales de todo el mundo.

Autobús eléctrico que lleva a la FLV. © A. Guillaumín T/2017.

La Defense: incursión fotográfica en el lado oculto de la luna

El chofer del servicio de traslados nos estaba esperando ya con un pequeño cartel con mi nombre. Bastó un breve intercambio de palabras para llegar a tres conclusiones importantes: 1) yo no hablo francés; 2) él no habla español ni inglés; 3) ninguno de los dos habla el macedonio ni el euskera. Le dije que íbamos a un hotel en La Defense y le proporcioné una tarjeta con la dirección exacta. La leyó y la introdujo a su sistema de GPS. Todo, aparentemente, bajo control. En unos veinte minutos llegamos a esta zona y nos introdujimos en un mundo de avenidas, pasos a desnivel y glorietas. El chofer veía con cierta preocupación la pantalla del GPS y parecía no comprender la situación. En su básico inglés me decía “it’s very complex”. Cosa que nos quedó bien clara después de otros veinte minutos de dar vueltas y tomar otras rampas y no llegar a nuestro destino. Me pidió de nuevo la tarjeta para ver el teléfono del hotel. Habló y pidió instrucciones para llegar. Escuchaba y repetía  “d’accord, d’accord” (frase que me tranquilizaba). Colgó y nos embarcamos en otro round de vueltas y retornos… y nada. Habló dos veces más y seguía con su “d’accord”, entre otras frases que denotaban una creciente desesperación. Después de diez minutos más de intentos al fin llegamos a la puerta de nuestro hotel. Respiró aliviado y se deshizo en disculpas y volvió a decir que la zona era “very complex”. Gracias a mi escaso francés de guía turística, pude captar ese “Desolé!… Desolé!”.

¡Al fin en La Defense!

Escultura After Olympia, de Anthony Caro, con el Gran Arco al fondo. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Carpe Diem. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Escultura la Araña Roja, de Alexander Calder. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
El Gran Arco de la Fraternidad. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.

Pero, ¿qué carambas es La Defense (La Defensa, en español)? Se trata del barrio de negocios de París que, para no irrumpir en el corazón de la capital francesa ni romper con la arquitectura clásica, parques y bulevares haussmannianos que tanto nos atraen, se asentó a dos kilómetros de los límites externos de su centro, en el oeste, cruzando el río Sena. De esta manera, no se afectó ninguno de sus 20 distritos (arrondissements), dotados cada uno de su propio carácter e historia. Estamos hablando de una extensa zona de 160 hectáreas situadas en tres comunas: Nanterre, Puteaux y Courbevoie. Tiene una explanada peatonal (¡una maravilla!) de 31 hectáreas, que conecta los edificios y que incluye jardines colgantes, rampas y pasajes, además de ochenta obras de arte (que convierten al área en un museo al aire libre), áreas de descanso, diversión, salas de exposición, comercio  y mercados. La zona está perfectamente conectada con el resto de París por medio de la Línea 1 del metro y el RER (Réseau Express Regional), que es el sistema ferroviario regional. En solo 15 minutos se puede uno bajar en el Museo del Louvre, o en 5 minutos más en la Plaza de la Bastilla. A los habitantes y trabajadores de La Defense se les llama “Defénsois” que, por cierto, suena bien.

Ciclista, haciendo alto en la explanada. La Defense, París (foto tomada desde el cuarto del hotel). © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Anuncio luminoso del enorme centro comercial Quatre Temps. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Texting junto al espejo de agua Takis, adornado con ligeras esculturas coronadas con luces. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Viva el Viento, de Michael Deverne (un ave posada en una lámpara me mira con desconfianza). La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.

La construcción de La Defense inició en la década de 1960, pero fue diez años después que la zona adquirió impulso. Si bien al comienzo los diseños eran más bien convencionales, poco a poco se hicieron más audaces y el único limite sería la creatividad de los arquitectos, urbanistas y artistas plásticos que, en conjunto, imprimieron un sello tan especial que hoy constituye un lugar que merece ser visitado, al igual que la Torre Eiffel, Montmartre o el Barrio Latino. Aquí coexisten perfectamente la escala de los grandes rascacielos con la de espacios acogedores “a ras del suelo” donde se puede convivir, hacer ejercicio, aprender a bailar o comprar quesos y verduras directamente de los productores locales. El centro de atención de todo el conjunto es el Gran Arco, situado en el extremo oeste de la explanada: un inmenso cubo de hormigón recubierto de cristal y mármol blanco de Carrara, de 110 metros de lado y con un peso de 300 mil toneladas. La catedral de Notre Dame cabe completamente entre las paredes del Arco. Por dentro, alberga diversas dependencias de gobierno y de empresas francesas e internacionales. Si se mira un mapa, se puede constatar que el Gran Arco está en alineación con el Arco del Triunfo, el obelisco de la Plaza de la Concordia, el Arco del Carrusel y la pirámide de cristal del Museo del Louvre. ¡Vaya si son obsesivos estos urbanistas con el orden!

Reflejos y texturas de los edificios. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
La Fuente de las Corolas, de Louis Leygue. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Perspectiva de la explanada. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.

La Defense cuenta con un sitio oficial en Internet (www.ladefense.fr) muy bien organizado donde podemos encontrar información de primera mano para visitar y conocer mejor este barrio. Incluso tiene un catálogo pormenorizado de las obras de arte que están distribuidas en distintas partes de la explanada. Por cierto, ésta extensa superficie se puede recorrer con un mapa o una guía en la mano o, como nosotros, dejándonos llevar por la curiosidad y descubrir sus inesperados rincones, que pueden incluir un cultivo de vides, árboles con una estructura de madera para que los visitantes observen de cerca sus copas (con la benevolencia de los pájaros que los habitan), agradables bares al aire libre donde se puede disfrutar la “hora feliz”, una visita a la cubierta del Gran Arco con vistas espectaculares de París… Aunque se intente, es casi imposible perderse en La Defense, debido a que se encuentra muy bien señalizada. Una de las cosas que descubrimos es que los turistas aún son una minoría entre la gente que recorre esta área. Nada de filas interminables o grupos conducidos por sus guías, indicándoles que miren a la derecha o a la izquierda, lo cual es de agradecer, sobre todo en verano. No hay que olvidar que París es visitada por más de 18 millones de turistas extranjeros cada año.

Conjunto de árboles con rampa para explorar sus copas. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
La Fundación Louis Vuitton en el bosque de Bolonia (izq.), y la Torre Eiffel al fondo (foto tomada desde la ventana del hotel). La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Espejismos fotográficos. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Jugando con los reflejos de los edificios. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.

Alojarnos en un hotel de La Defense, nos permitió explorar y conocer una nueva dimensión de la ya alucinante ciudad de París. Desde nuestra habitación teníamos una gran panorámica que incluía no sólo la explanada central, sino también la Fundación Louis Vuitton, en medio del Bosque de Bolonia, y la Torre Eiffel al fondo. Por cierto, si el lector o lectora de esta entrada observa la foto correspondiente a esta vista (dos fotos arriba) podrá advertir una edificación enorme que se levanta y oculta mínimamente la Fundación en el extremo izquierdo. He consultado mapas y fotos satelitales (incluyendo Google Earth) y no encuentro ni una pista de cuál puede ser. ¿Alguna sugerencia? Por lo pronto queda como un enigma a resolver.

Finalmente, si se están preguntando quién vino a recogernos para llevarnos de vuelta al aeropuerto al final de nuestra estancia (yo sí lo hice, y con cierta preocupación)… sí, justamente el mismo chofer que nos trajo. Llegó cinco minutos antes de lo convenido y con una amplia sonrisa que claramente significaba “Not very complex!”. Salimos sin contratiempo alguno y llegamos rápido al CDG.

¿Platillo volador aterrizando? La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Parque La Danza, de Shelomo Selinger. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Fuente de agua potable, de Claude Torricini. Dentro de la boca de la rana hay otra más pequeña por donde sale el agua. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.
Escultura que inspiró el nombre del barrio: La Defensa de París, 1883, de Louis Ernest Barrias. La Defense, París. © Arturo Guillaumín T. / 2017.