Un mentor portátil

Me gusta escribir. Pero eso no quiere decir necesariamente que lo haga bien. Sé que es un arte cuyo aprendizaje nunca termina, y que la única manera de mejorar en él es escribir, escribir y escribir (no necesariamente en ese orden) todos los días. Y leer, leer y leer (idem). El placer de la escritura aumenta cuando logramos, de vez en vez, una buena oración, una página interesante, un texto que alguien lee con gusto. Pero uno sabe que hay que trabajar mucho y duro, oración a oración, para avanzar.

Creo ser un buen lector, y la única pista de ello es que me gusta y apasiona leer. Leo una razonable cantidad de libros al año (acabo de escribir esta oración y no sé lo que quise decir con “razonable cantidad”), pero no estoy interesado en los números ni en las estadísticas. Un problema, si es que se puede calificar así, es que entre más me gusta un texto, más tiempo me toma: leo, subrayo, hago notas, releo, nuevas notas, garabateo esquemas, relaciono temas, me hago preguntas, me conecto con el cosmos.

Debo confesar que de 20 libros que leo, apenas uno es de literatura y poesía. Los demás se sitúan en las ciencias naturales y sociales (evolución, complejidad, globalización, educación, medio ambiente, filosofía, tecnología y prácticas sustentables, etc.) y artes ( principalmente fotografía y música). Hay un vacío allí. Estoy conciente del desbalance y de que debo hacer algo al respecto. Pero también es pertinente decir que hay científicos, filósofos y artistas que son excelentes escritores. No sólo eso. En muchos campos, la ciencia cada vez se aproxima más a las artes narrativas y a la poesía. Los extremos (si es que en verdad lo son) se tocan.

Con la idea de mejorar mi escritura y de encontrar “mi propia voz”, compro de vez en cuando algún libro que creo que me va a ayudar a desarrollar algunas estrategias de escritura. Es así como hace un par de días me llegó un paquete de Amazon (librería realmente extraordinaria que hace que valga la pena Internet) con tres libros. Uno de ellos es El mentor portátil del escritor, de Priscilla Long (2010, Wallingford Press). Es un libro para escritores más o menos avanzados, lo cual me hará trabajar mucho más de lo que creía. No pain, no gain. Apenas he leído la introducción y he saltado de una página a otra y ya me atrapó. Los temas se ven fascinantes y los ejercicios desafiantes, válgase la terrible cacofonía.

Entre los muchos temas que veo, he aquí algunos: escribir a diario, las palabras como notas musicales, efectos de sonido, haga una trampa para atrapar palabras, viendo el color, observar el Aqui y Ahora, observando personas, gestos y voces, la artesanía de la oración, el arte del párrafo… ¿No es para atraer la atencion con semejantes contenidos? Abro al azar el libro y leo lo siguiente: “Las palabras concretas son palabras que pueden ser percibidas a través de los sentidos: los ojos, la nariz, la piel, la lengua, los oídos” (p. 25). No se diga más, con el permiso de ustedes, me voy a leer.

Referencia:

Long, Priscilla. (2010). The Writer’s Portable Mentor. A guide to Art, Craft, and the Writing Life. Seattle: Wallingford Press. 250 páginas.

Fritz Schumacher… o lo pequeño es hermoso

En un tiempo en el que la economía de mercado ha fallado tan espectacularmente (y lo seguirá haciendo cada vez de manera más catastrófica si insistimos en andar el mismo camino), es esencial que releamos los trabajos de grandes pensadores como Fritz Schumacher. Me parece absurdo que en las bibliotecas y en las bibliografías de las escuelas de Economía no estén sus libros y que los estudiantes no tengan la menor idea de quién fue este economista alemán/inglés, uno de los pensadores más lúcidos de nuestros tiempos.

Fritz Schumacher

Este año se celebra el centenario del nacimiento de E. F. (Fritz) Schumacher (1911-1977), quien en su tiempo fue visto como “el profeta que se mantuvo contra la marea”. Fue pionero de muchas ideas que muchos creen que fueron inventadas apenas en años recientes: la conciencia ambiental, el desarrollo sostenible, la organización de la economía a escala humana y la tecnología intermedia, amigable con el entorno y las personas.

Schumacher fue un economista y filósofo que saltó a la fama, sin proponérselo, en 1973, con la publicación de su libro Lo pequeño es hermoso: un estudio de la economía como si la gente importara. Es considerado hoy como uno de los 100 libros más influyentes después de la Segunda Guerra Mundial. Desde una filosofía budista, criticó las bases del pensamiento sobre el desarrollo. Cuestionó la obsesión por el Producto Interno Bruto y la lógica de la búsqueda continua del crecimiento, sobre todo en un mundo de recursos finitos. Apoyó la descentralización de las estructuras políticas y económicas a favor de la responsabilidad y la iniciativa a escala local.

Abro su libro Guía para los perplejos. En el primer apartado, “Sobre los mapas filosóficos”, leo lo siguiente:

Se me ocurrió pensar entonces que no era la primera vez en mi vida que me daban un mapa en el que no aparecían muchas cosas que tenía ante mis ojos. Durante los años que pasé en la escuela y en la universidad me habían dado mapas de la vida y del conocimiento en los que a duras penas podía hallarse rastro de muchas cosas de las que más me interesaban y me parecían de la mayor importancia para orientarme en la vida. Durante años mi perplejidad fue total, y no vinieron intérpretes en mi ayuda. Así permanecí hasta que dejé de dudar de la cordura de mis percepciones y comencé, por el contrario, a dudar de la veracidad de los mapas

Biblioteca mínima de Fritz Schumacher:

Schumacher, E. F. (1981). Guía para los perplejos. Madrid: Editorial Debate.

Schumacher, E. F. (1980). El buen trabajo. Madrid: Editorial Debate.

Schumacher, E. F. (1974). Small is beautiful. A study of economics as
if people mattered
. Londres: Abacus.

Barenboim y dialógica musical

Esto es muy interesante. La dialógica en la música. Edgar Morin nos define el principio dialógico de la siguiente manera: dos principios o nociones que deben excluirse mutuamente, pero que son indisociables en una misma realidad (Morin, 2000). Ahora veamos lo que dice Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942) sobre su relación con las partituras:

El trabajo de estudio no termina nunca. Hay obras que las toco desde hace 60 años y las conozco de memoria. Pero nunca viajo sin la partitura porque al leerla siempre descubro algo nuevo. Pero cuando te sientas a tocar tiene que ser como si lo estuvieras inventando en ese momento. El que no tiene esa capacidad y revela en su manera de interpretar cómo estudió la obra, aburre. Y quien no hizo el trabajo previo, aunque parezca que improvisa, pierde la conexión. Lo interesante y magnífico de la música es hacer algo y lo contrario al mismo tiempo.

Morin, Edgar. (2000). La mente bien ordenada. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento. Barcelona: Editorial Seix Barral. Pág. 126.

Rendezvous en París XIV (Au Renoir!… perdón… Au Revoir!)

Con esta entrada termino la serie “Rendezvous en París”. Han quedado fuera, por supuesto, muchos lugares, fotografías, anécdotas, comentarios. Pero mi propósito nunca fue dar cuenta pormenorizada de mis últimas andanzas en esa increíble ciudad. Más bien he querido picar la curiosidad, motivar el interés por conocerla, sea por medio de libros y películas, o de una visita en vivo y a todo color. Tiendo a pensar que París no es sólo de los parisinos y de los franceses (habría que preguntarle también a Sarcozy), sino de todos: allí se encuentran claves, testimonios, vivencias, gérmenes, corrientes, movimientos artísticos, sociales, filosóficos, científicos, religiosos, que han alimentado a la cultura occidental, que han nutrido nuestras sociedades. No nos es tan ajena como puede pensarse.

Los dejo, por ahora, con varias fotografías, un poco sin orden, sino como las voy sacando de mis archivos. Espero que las disfruten, pero sobre todo que les abran la perspectiva de visitar París en el futuro cercano. “Aikir”, como diría nuestro buen Germán Dehesa. Después de esa primera visita, ya podemos decir, como Humphrey Bogart le dijo al oído a la deliciosa Ingrid Bergman en Casablanca: “Siempre tendremos París”.

Vista desde La Madeleine
Museo del Louvre
Museo D’Orsay, antigua estación de tren.
Dibujante en la acera
Fuente en el Centro Pompidou.
Pirámide invertida en el Museo del Louvre.
Basílica del Sacre Coeur.