Alineando la cabeza, el ojo y el corazón con Cartier-Bresson

Henry Cartier-Bresson
Henry Cartier-Bresson

Leo en el diario español El País “Cartier-Bresson vuelve al MOMA”. Fue en 1947 cuando el Museum of Modern Art de Nueva York mostró la primera exposición de este extraordinario fotógrafo francés, y ahora vuelve a hacerlo seis años después de su muerte. Henry Cartier-Bresson (1908-2004) nació en una pequeña ciudad cerca de París, Chanteloup. Desde pequeño dio muestras de interesarse por el arte, particularmente por la fotografía. Va de joven a Cambridge a estudiar literatura y pintura. En 1932 compra su maravillosa cámara “Leica” de 35 mm. Desde entonces se dedica a capturar en imágenes los preciosos instantes de la vida, el momento decisivo. Él les llama “images á la sauvette”, o imágenes a hurtadillas.

La cámara Leica de Cartier-Bresson
La cámara Leica de Cartier-Bresson

La espontaneidad es lo que a Cartier-Bresson le importa. Pero esa espontaneidad requería de preparación: debía hacerse invisible, pasar inadvertido, para interferir lo menos posible con las situaciones que quería atrapar. Por ello pintó de negro las partes niqueladas y relucientes de su cámara. Trato de imaginármelo: confundiéndose con el paisaje, con la escena, con su cámara oculta en la palma de la mano (por suerte la Leica era una cámara pequeña), componiendo mentalmente la toma. Esta composición debía hacerla en su cabeza, pues jamás recortaba un negativo y las imágenes las imprimía completas. No encuadraba nada ni quitaba nada. Su composición era instantánea, rigurosa… perfecta.

Marilyn Monroe
Marilyn Monroe

Viajó por todo el mundo. Fotografió guerras e hizo retratos de gente famosa. Pero es en esas instantáneas donde mejor lo conocemos. Él dijo: “Para tomar una fotografía hay que alinear la cabeza, el ojo y el corazón. Es una forma de vida”. Y esa vida la dedicó a dejar constancia de la Historia (con mayúscula), pero también de los millones de historias que constituyen eso que llamamos vida cotidiana. Cada una de esas fotografías tomadas a hurtadillas cuenta una historia, una historia que nos une a otras vidas anónimas, como la nuestra.

Nueva York 1947
Nueva York 1947

Hello World!

Mi primera entrada del blog. ¿Para quién escribo? Sé que escribo principalmente para mí. Pero también un blog es una especie de botella lanzada al mar. ¿A quiénes llegará? No sé, pero quizá en eso radique lo interesante y misterioso de este medio. No hay plan. Sólo el deseo de que emerjan (ver concepto de emergencia en sistemas complejos) otras posibilidades, nuevas conexiones, otros paisajes y texturas.

Me interesa cómo puedan articularse diversos campos del conocimiento, sean de las ciencias, el arte y las humanidades (esas fronteras que hemos creado y mantenido artificialmente por tanto tiempo) para construir otra educación. Es necesario salvar la educación, hoy en caída libre y atravesada por intereses económicos, para darle otro sentido: aprender a vivir en un planeta finito y con increibles capacidades de autorregulación (hoy en peligro). Para ello, habrá que trabajar a contracorriente de una cultura cada vez más banal y de una economía global intrínsecamente depredadora.

Habrá que construir otro concepto de desarrollo. Ya no puede ser económico, ni social… ni humano, aunque sea un duro golpe a nuestros egos. ¿Qué tal un desarrollo biosférico? Es una idea subversiva, pues tiende a diluir todo aquello que nos separa como especie. Propongo una educación coevolutiva que sea capaz de abrir nuestros sentidos para buscar la posibilidad de hacer más habitable este planeta, con la ayuda de las demás especies.