Imágenes del Jazz

En esta ocasión quiero compartir algunas fotos que tomé en un festival de jazz que acaba de concluir (Jazzuv) y que cada vez adquiere más relieve internacional. Tuve la oportunidad de escuchar a músicos muy talentosos, algunos con gran experiencia y otros muy jóvenes. Todas las fotografías fueron tomadas con una Nikon D7000 y con un lente de 18 – 105 mm. Debido a la iluminación de los foros, tuve que subir el ISO a 1250. Nada que temer, creo. Como podrán ver, no pude resistirme a jugar/experimentar un poco con algunas imágenes.

Osmani Paredes

Osmani Paredes es pianista, compositor y arreglista, cuyo estilo funde el jazz con su herencia rítimica afro-cubana. Utiliza, además, una técnica que proviene de sus años de educación musical clásica. Nació en Santa Clara, Cuba, y asistía a la Escuela de Música de la Habana, mientras participaba en la Orquesta América de Enrique Jorrín. Actualmente reside en Nueva York, donde tiene su propio grupo. También se dedica a dar cursos y seminarios en diferentes partes del mundo.

Ray Drummond

Ray Drummond nació en Brookline, Massachusetts, en 1946. Es contrabajista, compositor, director de banda, arreglista, productor y educador. Asistió a 14 escuelas alrededor del mundo, lo que enriqueció su bagaje cultural y musical. Su viaje musical lo inició a la edad de ocho años, primero con la trompeta y después con el corno francés. Más tarde se volvió un apasionado del jazz y fue a los 14 años cuando se dedicó al contrabajo de tiempo completo.

Jeff “Tain” Watts

Jeff “Tain” Watts, nacido en Pittsburgh, es hoy uno de los bateristas más solicitados del mundo. Su habilidad técnica, desenvoltura y naturalidad hacen que los más complejos solos parezcan como un sencillo juego. Se inició como percusionista clásico en la escuela Duquesne de su ciudad natal, donde se desempeñó principalmente como ejecutante de los timbales. Hizo sus estudios de jazz en la Escuela de Música de Berklee, junto con músicos talentosos, como Winton Marsalis.

Edgar Dorantes, Ray Drummond y Francesco Cafiso en el sax

Francesco Cafisso nació en 1989 y a sus 22 años es considerado ya como uno de los talentos más precoces del jazz en el mundo. Ha recorrido muchos países tocando con Winton Marsalis y ha alternado con músicos de la talla de Hank Jones, Dave Brubeck, Ray Drummond y Joe Lovano, entre muchos otros. La Fundación de Jazz de Umbría, de su país natal, Italia, lo ha nombrado embajador de la música de jazz italiana en el mundo.

Jazzistas al borde de un hoyo negro

Después de leer algunas biografías de jazzistas importantes, uno comienza a darse cuenta de cómo muchos de ellos comenzaron estudiando música clásica y después migraron hacia el jazz. Uno se puede preguntar qué tanta distancia hay entre el jazz y la música clásica, cuáles son sus puntos de contacto y cuáles sus cualidades más distantes. Sobre todo cuando hay quienes ven en estos géneros dos polos opuestos: desde sus orígenes sociales hasta su grado de libertad para expresar las notas en el momento. Pero quizá lo más importante es que siempre ha existido este vínculo y que ha enriquecido a ambas partes.

Barenboim y dialógica musical

Esto es muy interesante. La dialógica en la música. Edgar Morin nos define el principio dialógico de la siguiente manera: dos principios o nociones que deben excluirse mutuamente, pero que son indisociables en una misma realidad (Morin, 2000). Ahora veamos lo que dice Daniel Barenboim (Buenos Aires, 1942) sobre su relación con las partituras:

El trabajo de estudio no termina nunca. Hay obras que las toco desde hace 60 años y las conozco de memoria. Pero nunca viajo sin la partitura porque al leerla siempre descubro algo nuevo. Pero cuando te sientas a tocar tiene que ser como si lo estuvieras inventando en ese momento. El que no tiene esa capacidad y revela en su manera de interpretar cómo estudió la obra, aburre. Y quien no hizo el trabajo previo, aunque parezca que improvisa, pierde la conexión. Lo interesante y magnífico de la música es hacer algo y lo contrario al mismo tiempo.

Morin, Edgar. (2000). La mente bien ordenada. Repensar la reforma. Reformar el pensamiento. Barcelona: Editorial Seix Barral. Pág. 126.

Entre la pasión de la razón y un huracán

El huracán “Karl” entrando a territorio veracruzano.

Escribo estas líneas bajo estado de sitio. Desde la tarde-noche de ayer, el huracán “Karl” dejó sentir su presencia con vientos moderados en la región de Xalapa. Esta mañana, “Karl” (categoría 2, con probabilidades de que se convierta en 3)  tocó tierra en la parte central del estado de Veracruz, con vientos de hasta 200 kilómetros por hora. Ahora tenemos una combinación de lluvia y viento muy intensa.

The Passion of Reason

Imposible ignorar el ruido de allá afuera, pero sigo trabajando en un texto en mi bunker-estudio. La música de fondo la proporciona un CD fuera de serie: “The Passion of Reason”, del trío “Sour Cream” . El ensamble neerlandés estaba formado por los extraordinarios músicos Frans Brüggen, Kees Boeke y Walter van Hauwe. En junio de 1993 se reunieron en Italia para grabar lo que sería su último par de CDs (The Sour Cream Legacy). Contienen 28 piezas de música antigua, desde Guillaume de Machault (1300-1377) hasta Johann Sebastian Bach (1685-1750). Increíbles texturas, sutilezas y ambientes a tres flautas que contrastan con lo que ocurre allá fuera.

Por si les interesa, este álbum doble fue producido por Glossa: GCD 921102.

The Traveling Wilburys

El Cuarteto de Dave Brubeck

Cuando se trata de recuerdos, de nostalgia de años idos, la musica de fondo es casi inevitable. Cada quien tiene sus canciones, compositores, bandas, sinfónicas, directores, intérpretes favoritos. Yo tuve la suerte de vivir la explosión cámbrica-musical de los años 60. Toda una revolución alrededor del jazz, el rock y la bossa nova. Lo mismo escúchábamos a Dave Brubeck (¿recuerdan su histórica “Take Five”?), al Ramsey Lewis Trio (“The In Crowd” era imprescindible) y Ray Charles (“What I’d Say”), que a Antonio Carlos Jobim (“La chica de Ipanema”, “Desafinado”) o Joao Gilberto o Vinicius de Moraes (muchos de sus poemas se convirtieron en letras de canciones).

Antonio Carlos Jobim

El rock vivía entonces una diversificación e innovación extraordinarias. Ahí estaban The Rolling Stones, Cream (con Eric Clapton a la cabeza), Bob Dylan, The Mamas and The Papas (nadie olvida a Mama Cass), Simon & Garfunkel, Janis Joplin, Jimmy Hendrix y The Doors, entre una innumerable cantidad de músicos extraordinarios. The Beatles nos sorprendieron por su rápida evolución en unos cuantos años. Recuerdo que cuando escuché por primera vez su album Sargent Peppers’s Lonely Heart Club Band, creí que ya habían perdido el rumbo completamente. Me tomó varios días asimilar lo que estaba escuchando. Fueron ellos quienes ayudaron a romper las barreras musicales, acercándonos por igual a la música clásica que a las ragas indias o la llamada música psicodélica.

George Harrison se interesó no sólo en las filosofías de la India, sino también en su música. Fue así que decidió aprender a tocar el sitar con el músico más destacado de entonces: Ravi Shankar. Pasó tres meses con él y si bien no llegó a dominar el instrumento (cosa que le habría tomado la vida entera), le llevó a crear nuevas texturas dentro del mundo del rock. Ahí está como muestra la increíble “Within you without you”, que grabó con su sitar y un grupo de músicos occidentales e indios.

Mucho después de la disolución de The Beatles, Harrison fue en 1988 a Estados Unidos para grabar una canción de lo que sería el lado “B” de un disco sencillo para promover su LP Cloud Nine. Tenía a la mano una canción que aún  no tenía título. Decidió entonces invitar a sus amigos Roy Orbison (si han escuchado “Pretty Woman”, saben de quién estoy hablando) y Tom Petty (The Heartbreakers) a grabarla. Harrison pensó que sería buena idea invitar también a su amigo Bob Dylan y realizar la grabación en su propiedad, “The Farm”. También participó en esta grabación Jeff Lynne, músico ex-integrante de la Electric Light Orchestra.

The Traveling Wilburys

Una caja de cartón con la leyenda “Handle with care” (“manejar con cuidado”), a la entrada de la casa de Dylan, dio a Harrison la idea para el título de la canción. Una vez que todos escucharon el resultado, George sabía que no podía ser simplemente el lado “B” de un disco sencillo. Fue cuando de manera espontánea se formó el grupo: The Traveling Wilburys. Años más tarde, Harrison diría que si se hubiera planeado la formación de la banda, habría sido simplemente imposible: “tuvo que haber sido la luna llena o algo parecido”.

En su corta vida, sólo grabaron tres álbumes: simplemente The Traveling Wilburys I, II, y III. Oro de 24 kilates. Durante muchos años estuvieron agotados y era imposible conseguirlos a menos que se estuviera dispuesto a pagar un precio muy alto . Se habían convertido en material para coleccionistas. Hoy se han vuelto a editar esos tres discos de un grupo extraordinario y compuesto por cinco talentos. Es música llena de humor, frescura y craftsmanship. Se puede advertir cómo se divirtían en cada canción. Me da la impresión que nunca se lo tomaron en serio, excepto por el puritito gusto de reunirse como amigos.

Con la muerte primero de Roy Orbison (sólo alcanzó a participar en un disco) y después de George Harrison, sabemos que yo no habrá más Wilburys viajeros. Por cierto, ninguno de ellos aparecía con su nombre sino con pseudónimos que los convertía en los hermanos Wilbury. Les recomiendo ver el video de “Handle with care” para que se regocijen con esas improbables imágenes de ver juntos a Roy Orbison, Bob Dylan y George Harrison.